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12/01/2014 n167
Más de 11.000 exalumnos de Medicina viven estos días en la ‘burbuja’ del examen MIR, ‘abriendo y cerrando’ las bibliotecas y dando un repaso final al temario para rematar los conceptos más importantes y refrescar los temas más complejos. No es estudiar Medicina -recalcan los estudiantes preguntados por ‘Revista Médica’- es ‘MIRicina’, un proceso basado en priorizar y dominar las técnicas de realización de esta prueba. Así viven día tras día a tres semanas de celebrarse las pruebas para acceso a una plaza de formación sanitaria especializada.


Hiedra García Sampedro
El próximo sábado 1 de febrero se celebrarán en toda España los exámenes para acceder a las plazas de formación sanitaria especializada a los que se presentarán 34.375 aspirantes (cifra de admitidos provisionales), de ellos, 11.186 son médicos. “Para mí lo más complicado está siendo no dejarme vencer por la presión”, confiesa Diana, una madrileña exalumna de la Universidad de Alcalá, cuyos días están completamente dedicados al examen MIR desde julio de 2013. Aunque Diana comenzó a prepararse el MIR en septiembre de 2012 con la ayuda de una academia, en ese momento sólo iba a las clases y hacía los simulacros, porque tenía que aprobar la carrera.

Por lo general, en el último año de la carrera se hace una primera toma de contacto con el material de estudio y se realizan varios simulacros del examen para conocer el formato de las preguntas o empezar a controlar los tiempos de espera, según ha explicado a ‘Revista Médica’ Íñigo Noriega, expresidente del Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina (CEEM), quien también se examinará el 1 de febrero. La mecánica del MIR tiene sus propias leyes, “no es un resumen de la carrera”, recuerda Noriega. En este sentido, su preparación se asemeja más a la del examen de conducir, donde es fundamental repetir los test de años anteriores porque hay conceptos que son preguntados con mayor frecuencia.

Ante el estrés, mantener la cabeza fría
Es imposible repasar en unos meses lo aprendido en seis años de carrera, por esta razón la clave es básicamente priorizar y rentabilizar el tiempo. La dedicación al estudio es exclusiva, “de 9:00 a 22:00, parando para comer lo justo y necesario”, comenta Diana. Asegura además que “hay momentos en los que tienes tal nivel de ansiedad y de estrés que es difícil no venirte abajo y continuar estudiando todos los días, pero como claudiques ante el desánimo es un tiempo que no vuelves a recuperar”. “En estos días, la ayuda de tu entorno, de tu familia y amigos es muy importante”, afirma.

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“Es muy fácil perder el norte si no cuentas con elementos externos al estudio”, subraya Íñigo Noriega. El expresidente del CEEM apuesta por dejar “ratos libres” a diario para “desconectar” haciendo deporte, hablar con los amigos, escuchar música o simplemente descansar. “Lo más complicado es mantener la cabeza fría, cuando dedicas tanto tiempo a algo es muy fácil olvidar que el MIR no es un fin en sí mismo, sino un medio”, recalca. Sin embargo, reservar un espacio al margen del estudio suele ser secundario para el alumno. “Es difícil respetar el tiempo libre para dedicar a otros menesteres que no sean el MIR. Las paradas en boxes, en las que se ‘pierde tiempo’ cambiando las ruedas, finalmente son de los momentos más placenteros en el camino de preparación para el examen”, recuerda Francisco Javier López Cánovas, médico interno residente de Psiquiatría en el Hospital Universitario La Paz de Madrid. Este exalumno de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) consiguió el primer puesto en la elección de plaza hace dos años. Asegura que “el temario MIR es prácticamente infinito, puede conducir a la locura intentar estudiarlo todo.”

Cambio de paradigma
Los exámenes de las dos pasadas convocatorias fueron los de menor dificultad en los últimos siete años, lo que supuso un aumento de las notas. Para López Cánovas, la prueba a la que se presentó fue menos complicada que los simulacros. En estos, “a veces se entrena la rapidez al contestar preguntas con enunciados muy extensos, a veces se entrena técnica de examen con preguntas complejas que no se contestan con conocimientos teóricos sino por ‘descarte’; en definitiva, el simulacro, como entrenamiento, siempre tiene un exceso de dificultad en algún ámbito, para luego llegar a punto el día de la verdad”, asegura.

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En principio, un examen fácil en general hace más complicado discriminar y ordenar correctamente a los aspirantes, aunque siempre hay alguna pregunta más rebuscada para que destaquen aquellos alumnos más brillantes. En el caso del año pasado, la lista de aspirantes a plaza MIR estaba tan apretada entre los mejores que el factor baremo académico (con un peso del 10 por ciento) resultó determinante para que Verónica Rial se colocara la primera para la elección. Ella obtuvo un 582 (el sexto mejor examen), mientras que la puntuación más alta fue de 591.

En la convocatoria pasada más de 2.000 aspirantes no tuvieron oportunidad de acceder a una plaza porque no alcanzaron la nota de corte, es decir, el 30 por ciento de la media de las 10 mejores puntuaciones. Esta medida se implantó entonces como novedad y para este año se ha acotado más: será de un 35 por ciento. El Ministerio de Sanidad recalca que esta nota añade más calidad a la prueba porque presupone unos conocimientos mínimos necesarios para acceder a la plaza; sin embargo, el Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina cree que las universidades son las que garantizan ese mínimo.

De cualquier manera, la nota de corte ha cambiado el paradigma del examen. “Si el sistema de acceso va a pasar a tener una mayor carga selectiva sería racional valorar si no debería incorporar parámetros como el desempeño de pruebas de evaluación clínica, entrevistas personales o valoración curricular”, asegura Íñigo Noriega.

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El aumento de la nota de corte, junto a la reducción de la oferta de plazas MIR, se implanta justo cuando van a empezar a egresar las promociones formadas en las nuevas facultades que aparecieron a partir de 2008. Estos médicos que ahora salen son los que venían a paliar un déficit que “ahora se muestra inexistente y se enfrentarán a un sistema de acceso más restrictivo”, según Noriega, quien cree que el examen MIR debe evolucionar. Asegura que la prueba “ha introducido un elemento esencial en el acceso a la formación sanitaria especializada como es la equidad, pero no puede hacer que nos anquilosemos y dejemos de preguntarnos si existen alternativas”.

La plaza deseada
Prácticamente todos los alumnos que siguen un método de estudio constante alcanzan una plaza MIR. En la convocatoria pasada, los más perjudicados por la nota de corte y que se quedaron sin elegir fueron los médicos extracomunitarios y aspirantes que repetían el examen (recirculantes o reespecialistas). Por tanto, la lucha no es por ocupar una plaza, sino por lograr la deseada. Las más perseguidas son las de especialidades como Cardiología, Dermatología o las quirúrgicas, tal vez porque se relacionan con unos mayores ingresos económicos en sus desempeños.

Los alumnos preguntados por ‘Revista Médica’ aseguran no pensar demasiado en la especialidad que escogerán. “Mis amigos, a modo de broma, me dicen que me levanto por las mañanas con ganas de ser internista y me acuesto con ganas de ser cirujano”, confiesa Noriega. Para él, a la hora de seleccionar plaza, más allá de fijarse en la especialidad, le interesa más poder desarrollarse “globalmente como médico”, y encontrar un puesto donde “realizar asistencia, investigación y docencia, y desde el que pueda tener una perspectiva amplia del funcionamiento del sistema.”

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Por su parte, la alumna de la Universidad de Alcalá se decantará seguramente por Medicina Intensiva o Medicina de Familia; “la ciudad no la tengo decidida, depende del puesto que obtenga, y procuro no darle muchas vueltas ahora mismo porque lo importante es estudiar para sacar un buen resultado y todo lo demás vendrá después”, comenta.

En el caso de Francisco Javier López Cánovas, asegura que la Psiquiatría es la especialidad por la que tiene verdadera vocación, por eso la eligió hace dos años. De hecho, si no tuviera salida laboral en el campo de la salud mental, no se presentaría otra vez al examen MIR para escoger otra disciplina, sino que optaría por buscar trabajo en los otros dos ámbitos que más le llaman: la música y la docencia.

“Con pocas semanas de margen hasta febrero, mi consejo de última hora sería que evitasen un exceso de estudio, que acabaría por ser contraproducente; quizás aumentasen en conocimiento teórico, pero empeorarían en rendimiento y frescura”, dice López Cánovas, quien recomienda que “el día de antes del examen MIR sea tranquilo, sin esfuerzos mentales y con algo placentero”. A pesar de lo arduo y monótono del día a día en la preparación del MIR, con los años se recuerda como “una época bonita”, asegura el MIR de La Paz. El estímulo de perseguir un objetivo tan vocacional es suficiente para no caer en el camino.