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05/01/2014 n166
El Celador
Y el primer bebé del año es…
Las doce uvas, el concierto de Año Nuevo, los saltos de esquí de trampolín y el primer bebé del año. Cuando el uno de enero enchufas la tele, seguro que vas a ver algo de esto, quieras o no. Por algo son tradiciones. Otra cosa es que te gusten esas tradiciones, o que entiendas por qué se han convertido en tradiciones. Y yo no comprendo por qué la tele nos bombardea el día inicial de cada año con imágenes de los primeros recién nacidos de cada comunidad autónoma (que ésa es otra), y ya sé que a todo el mundo le parecerán emotivas y tiernas (aunque la verdad es que algunos de los niños que salen son un rato feos).
Le hacía yo esta reflexión el otro día a mi amigo Manolo, mi ‘compi de los cafeses’, mientras cambiábamos la lotería del Niño en la cafetería del hospital. Él no estaba muy de acuerdo conmigo, le parecía que eso del primer niño del año (el que nace, digo, no el del bombo; bueno, aunque esta aclaración a lo mejor confunde más que aclara) era noticia (“¿sabrá él lo que es noticia?”, pensé para mí). “Tú es que eres muy poco sensible”, me reprochó Manolo.
“Será eso”, le contesté yo, porque no tenía ganas de empezar el año discutiendo, la verdad. Pero ahora que no está Manolo delante, me reafirmo en mis posiciones: lo de saber cuál es el primer bebé del año me parece una solemne tontería. ¿A mí qué más me da cómo se llama el renacuajo en cuestión, cuánto ha pesado, cuánto mide, si es sietemesino o si sus padres son de Vallecas o de Bucarest? No lo entiendo, la verdad. Y que levante la mano el que se acuerde de cuál fue el primer niño que nació el año pasado. Porque tan malo es tener poca sensibilidad como poca memoria.
Para el próximo día de Año Nuevo, el de 2015, les propongo a los periodistas y a los cámaras que van a los hospitales a grabar a esos bebés (muy feos algunos, no sé si ya lo he dicho) que en vez de estar pendientes del primer nacimiento, se queden para grabar para la posteridad cuál es el primer contrato de interino no renovado del año, o el primer contrato de una semana de duración del año (que haberlos, haylos), o el primer jubilado que no tiene reemplazo del año… A mí esto me parece mucho más interesante que lo del primer niño. Lo malo es que también se está convirtiendo en una tradición.