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29/12/2013 n165
Superviviente
ANA MATO
La presidenta Sonia López Arribbas (en el centro), con Miguel Ángel Sánchez Chillón, el candidato que se quedó a menos de 70 votos de ganar, y Asunción Rosado, del equipo de éste
Revista Médica
Su segundo año como ministra se ha caracterizado por su capacidad de resistencia política ante el ataque feroz desde los medios de comunicación y su acercamiento a los profesionales sanitarios, con los que ha logrado pactar.


Este 2013 que ya acaba ha sido un año de contrastes para la ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad Ana Mato. Recién cumplido su segundo año al frente de la cartera que le confió el presidente Mariano Rajoy en diciembre de 2011, por un lado le ha tocado vivir la cara más amarga de la política, entremezclada con su vida personal, y por otro se ha acercado a los profesionales sanitarios, buscando un pacto con ellos.

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En el transcurrir de estos 365 días, la imagen que los ciudadanos tienen de Mato ha sufrido un notable desgaste, y su nombre ha entrado en la mayoría de las quinielas de los ministros que saldrían del Ejecutivo si hubiera una crisis de Gobierno. En septiembre de 2012, la ministra era valorada con un 3,69 sobre 10 por los ciudadanos en el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). En octubre de 2013 esa nota descendía hasta el 1,99, siendo el segundo integrante del equipo de Rajoy peor valorado en esta encuesta, solo superada por el responsable de Educación José Ignacio Wert.

Pero la percepción que de Mato existe en la opinión pública contrasta con la que tienen los representantes de los profesionales sanitarios, que han encontrado en esta ministra voluntad para llegar a acuerdos tangibles, algo que han echado de menos en sus predecesores, y en el primer ejercicio de ella misma. La Mato de este último año poco tiene que ver con la que tomó el relevo de Leire Pajín en la sede del Paseo del Prado. Aquella llegaba con el mandato presidencial de recortar, ajustar y transformar el Sistema Nacional de Salud (SNS) para que fuera sostenible, es decir, para que no se siguiera sumando más dinero a una deuda que ya rondaba los 15.000 millones de euros. La senda que ha seguido la ministra durante 2013 ha sido la de acercarse más al sector sanitario, ha querido conocer más sus inquietudes, sus necesidades, y en cierto modo ha orientado su departamento para encontrar soluciones.

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Un gran pacto profesional, no político
El momento álgido de este segundo año al frente del Ministerio de Sanidad se produjo en julio, el día 30, a las puertas de las vacaciones de agosto, cuando Mato llevó hasta el Palacio de La Moncloa a los representantes de los médicos y de los enfermeros para escenificar junto a Mariano Rajoy un gran pacto sanitario entre el Gobierno y las profesiones. Un pacto fruto de dos acuerdos marco suscritos por el Ministerio con las dos profesiones con el objetivo de avanzar en tres áreas: sostenibilidad del sistema, una nueva política de recursos humanos y nuevas estrategias para impulsar la gestión clínica. Mato presumió aquel día del “valor histórico” de los acuerdos y recordó que “no hay precedentes” de un pacto que implique a un número tan elevado de profesionales con el objetivo “esencial” de mejorar la asistencia sanitaria. A día de hoy, varios meses después de aquella foto multitudinaria de La Moncloa, a la que fueron invitados también los consejeros (y solo fueron los del PP), el acuerdo con los profesionales está pendiente de cristalizarse, e incluso existen reticencias por parte de éstos que ponen en peligro la firma final.

Da la impresión de que este 2013 ha sido de intenso trabajo del equipo ministerial. El registro de profesionales y la troncalidad (la reforma de la formación médica especializada), dos temas que llevan años atascados, parece que por fin avanzan y están próximos a resolverse. De igual forma la llamada prescripción enfermera. Incluso el Consejo Asesor de Sanidad ha entregado el Libro Blanco de las Profesiones Sanitarias, supuesto punto de partida para resolver diversos aspectos pendientes en recursos humanos. Estos asuntos se antojan encarrilados para 2014.

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Pero también ha sido el año de la articulación de medidas polémicas, como el copago hospitalario, que incluso comunidades autónomas gobernadas por el Partido Popular, como Castilla y León, han anunciado que van a recurrir. Otro foco de controversia ha sido la reforma de la Ley del Aborto, aunque solo ha salpicado a Mato de forma tangencial, ya que el protagonismo de este cambio lo ha asumido el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, acaparando la mayor parte de las críticas.

Sobreviviendo al mes de febrero
El momento más crítico para Mato durante este último año lo vivió allá por febrero, cuando algunos medios generalistas sacaban a portada su nombre día sí y día también relacionándolo con el ‘Caso Gürtel’. Fiestas de cumpleaños, viajes y regalos supuestamente pagados por un entramado empresarial que se beneficiaría de contratos públicos a cambio de un trato especial a los responsables políticos que entraban en el ‘juego’. La ministra se vio en el centro del ojo del huracán por su matrimonio con Jesús Sepúlveda, exalcalde de la localidad madrileña de Pozuelo de Alarcón. El 19 de febrero Mató compareció en la sesión de control al Gobierno en el Senado, en una intervención clave. Acorralada por los titulares de un sector de la prensa, el PSOE cargó duramente contra ella. “Escuche a los ciudadanos que creen que debe dimitir por su implicación en la Gürtel y no se escude en que es machista pedir la dimisión por algo que hacía su exmarido, porque machista es utilizar la figura de mujer ignorante de los ingresos domésticos para defenderse o esconderse bajo la figura de mujer florero que no sabía nada de lo que pasaba en su casa ni de cómo se pagaban las facturas”, le espetó la senadora socialista María Chivite. Mato, celosa de su vida privada hasta límites insospechados, respondió haciendo una de las pocas menciones que ella ha hecho a su exmarido en este tiempo: “Sabe usted perfectamente que no puedo tener ninguna responsabilidad, y así lo ha dicho un juez, por lo que haya podido hacer o dejado de hacer otra persona”.

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Dimisión, renuncia, cese. Cualquiera de estas opciones parecía que iban a acontecer de un día a otro en la vida política de Ana Mato. Incluso Mariano Rajoy tuvo que manifestar públicamente su apoyo a la ministra de Sanidad. “¿Sigue manteniendo la confianza en Ana Mato?”, le preguntaron los periodistas a su llegada a una reunión en Bruselas. “Absoluta confianza. Está haciendo las cosas muy bien y espero que lo siga haciendo durante mucho tiempo”, respondió. Un apoyo que reiteró ante el Comité Ejecutivo Nacional del PP. En este foro ella quiso transmitir a sus compañeros de partido su “absoluta inocencia con respecto a las insidias que algunos medios de comunicación han vertido sobre mí”, y Rajoy respondió pidiéndole que fuera “fuerte” y estuviera “tranquila”, según filtraron fuentes de Génova. Aguantó el chaparrón, y la presión sobre ella en los medios afines a la izquierda se fue diluyendo, en gran parte gracias a que el foco se centró en el extesorero del PP Luis Bárcenas.

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Un futuro incierto
Dos años al frente del Ministerio de Sanidad es más tiempo del que estuvieron cada uno de sus tres antecesores, los socialistas Leire Pajín, Trinidad Jiménez y Bernat Soria, que no lograron cumplir su segundo aniversario en el cargo. ¿Celebrará Mato el tercer cumpleaños como responsable de esta cartera? Las sensaciones al respecto son diversas. En noviembre el entorno de Mariano Rajoy filtraba que el presidente había transmitido a sus ministros que no habrá crisis de Gobierno durante toda la legislatura, y que salvo algún leve retoque agotarán los cuatro años. Pero en la sede del Partido Popular se está elaborando la lista con la que se presentarán a las Elecciones al Parlamento Europeo en mayo de 2014, y diversas fuentes ‘populares’ apuntan a que Mato será incluida en ella, dándole así una salida digna del Ejecutivo. Su desgaste público es notorio, y buena parte del cometido para el que Rajoy la nombró en 2011 se ha cumplido, como es la reforma del SNS para que sea menos gravoso a las arcas públicas. Esta opción sería en cierto modo un premio a la ingrata labor política que le ha tocado desempeñar en este tiempo de ministra. Ya fue elegida eurodiputada en 2004, y marcharse de nuevo a Bruselas podría ser un ‘bálsamo’ personal ante la constante presión mediática a la que ha sido sometida en el último año. Como lo fue precisamente en 2004, cuando puso rumbo a Europa alejándose de la situación por la que atravesaba su matrimonio con Sepúlveda.

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En cualquier caso Mato es una política joven aún, con trayectoria y reconocimiento dentro del Partido Popular. Ahora mismo cuenta con el voto de confianza de los representantes de las profesiones sanitarias en su desempeño como ministra, un aval que, en vista de que el pacto político es inalcanzable gobierne quien gobierne, puede servirle para llegar a amplios consensos de una talla que recuerden a otros conseguidos por ministros recordado como Julián García Vargas, Ernest Lluch o Ana Pastor.