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15/12/2013 n163
Llombart, un año perdido
para la sanidad valenciana
Revista Médica
Se acaban de cumplir los primeros 365 días de Manuel Llombart como consejero de Sanidad de la Comunidad Valenciana. Un tiempo en el que se ha visto a un gestor desnortado, errático y que no acepta las sugerencias de los profesionales.


Cuando Alberto Fabra llegó a la presidencia de la Generalitat Valenciana en julio de 2011 tenía claro que debía borrar toda sombra de Francisco Camps en su Ejecutivo. Se tomó un tiempo lógico para dar una imagen de normalidad, y aprovechó la cercanía del relajo informativo de un puente, el de la Constitución de 2012, para eliminar la ‘herencia campista’ de su Consell. Así, buscó un sustituto para Luis Rosado, que con Camps había sido gerente de la Agencia Valenciana de Salud (AVS) y consejero de Sanidad.

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Y ahí apareció el nombre de Manuel Llombart (Valencia, 1969), por aquellos días director general del Instituto Valenciano de Oncología (IVO), uno de los centros privados a los que derivaba la consejería. Dijeron en su momento las malas lenguas que Llombart había aceptado el puesto de consejero para saldar las deudas que la consejería tenía con el IVO, que rondaban los 60 millones. De hecho, meses antes del nombramiento de Llombart como consejero, el Instituto había presentado una reclamación ante la Agencia Valenciana de Salud pidiendo 58 millones de euros correspondientes a los ejercicios de 2009, 2010 y 2011. El propio Llombart denunció a la consejería ante la Justicia en aquellos días reclamando 23 millones que dijo se le adeudaban al IVO por el periodo de 2011.

¿Caballo de Troya de la privada?
La respuesta de Luis Rosado a esta denuncia del IVO muchos la han interpretado a posteriori como otro de los motivos de su cese, por enfrentarse al poder económico. Fue en abril de 2012. Entonces, en comparecencia pública anunció que su departamento aumentaría la “fiscalización y control” sobre el IVO. “Hemos pagado religiosamente la parte presupuestada y simplemente ha quedado como deuda aquella cantidad que no estaba contabilizada por haber excedido el gasto del contrato”, explicó, dejando entrever que Llombart le había ‘colado’ una factura excesiva a la Administración. Ese mismo día Rosado cerraba el grifo al IVO: “Los ciudadanos podrán seguir acudiendo al IVO cuando tengan una patología susceptible de ser tratada en este centro”, aunque recordaba que “no es el único centro que atiende Oncología y la mayoría de hospitales públicos disponen de este servicio”. La polémica quedó plasmada en los flashes y en las grabadoras de fotógrafos y periodistas, y vista con perspectiva ha sembrado la duda razonable sobre si Llombart llegaba a la consejería en diciembre de 2012 para servir a la Administración, o como caballo de Troya de unos proveedores privados que querían cobrar lo que creían suyo.

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Con el velo de sospecha cubriéndole nada más aterrizar, en su primer año Llombart no ha acertado en sus decisiones de calado y no ha sabido resolver el gran problema de financiación que padece la sanidad valenciana. Dos episodios han sido, por su relevancia, los más llamativos: los tristemente famosos algoritmos, y la desaparición de la Agencia Valenciana de Salud.

Su proyecto estrella, tumbado por el Ministerio
En su afán por recortar para que le cuadrase el presupuesto, Manuel Llombart ‘ideó’ lo que se han venido a llamar ‘los algoritmos valencianos’, un sistema clínico con directrices limitantes sobre los principios activos coste-efectivos que se deben utilizar para determinadas indicaciones o problemas de salud. Las sociedades científicas enseguida ‘calaron’ la idea del consejero y le avisaron de que no iban a permitir que se les coartase su libertad de prescripción. Y no solo lo hicieron las autonómicas, también las sociedades científicas nacionales salieron al paso para pararle los pies. Los colegios de médicos igualmente pidieron su suspensión, mientras que los farmacéuticos le avisaron de que veían trazas de inconstitucionalidad en el decreto que manejaba Llombart. Y si en el fondo nadie quería los algoritmos, en las formas resultaron ser tan caóticos como se preveía. Tal fue el desbarajuste a la hora de aplicarlos, que el propio Llombart tuvo que mandar detener la implantación de los módulos informáticos para arreglar los errores que se estaban produciendo en los centros de salud.

Las ‘bondades’ de este invento de Llombart llegaron también al Paseo del Prado madrileño. No al museo que alberga a ‘Las Meninas’ de Velázquez, sino al vecino Ministerio de Sanidad. La ministra Ana Mato buscó una forma civilizada de resolver el problema que le había ocasionado el consejero valenciano, y se decidió crear una comisión bilateral. Frente a la amenaza de llevarlo ante el Constitucional y dejarle más en evidencia, Llombart aceptó una rebaja fundamental, descafeinando definitivamente su gran proyecto ahorrador, ya que el médico podrá cambiar su prescripción alegando el motivo que considere oportuno.

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Este ha sido el gran fracaso de este primer año de Llombart, al menos en lo que el golpe a su autoridad se refiere. Pero ha habido otros episodios que también han dejado tocada su autoestima como líder de la sanidad pública valenciana.

Ni pincha ni corta en las decisiones importantes
Si hay algo que un líder no puede permitir es que se tome una decisión trascendental sobre su departamento y no ser él ni quien lo anuncie. Eso pasó en octubre, cuando el consejero de Hacienda Juan Carlos Moragues comparecía en rueda de prensa posterior a la reunión del Consell para hacer público que se suprimía la Agencia Valenciana de Salud como una de las medidas dentro de la reestructuración del sector público. Llombart solo se limitó a dar la ‘coartada’ a Fabra y Moragues diciendo que sí, que la AVS era prescindible, y que ya estaba la consejería para asumir sus funciones. El resto de consejerías de sanidad miraron con extrañeza que Llombart asumiera con naturalidad el hecho de que se le quitase de un plumazo este organismo. El gerente del Servicio de Salud de Castilla-La Mancha (Sescam), Luis Carretero, fue muy claro al ser preguntado por este asunto por ‘Redacción Médica’: “La sanidad regida solo por la Administración –sin un servicio que la ejecute– no es la mejor fórmula organizativa”. Tampoco lo vieron con buenos ojos Andalucía, Cataluña, Extremadura y Castilla y León, e incluso desde la Región de Murcia expresaron al respecto que les “gustaría” que el modelo de gestión sanitaria fuera “más homogéneo” en todo el Sistema Nacional de Salud (SNS), al mismo tiempo que lamentaron este tipo de ‘aventuras’ autonómicas en solitario. Ninguna autonomía más hasta la fecha ha hecho amago de seguir el camino que le marcó a Llombart su compañero de Hacienda.

Pero a la imagen de ‘cero a la izquierda’ de Llombart en este asunto hay que añadir el bochorno de que la AVS siga funcionando como si nada, esperando a la aprobación a final de año de la Ley de Acompañamiento. En el servicio de cita previa online del paciente sigue mandando su logo, e incluso el Diario Oficial de la Comunidad Valenciana (DOCV) continúa recogiendo licitaciones de este organismo, como la de un nuevo centro de salud para Peñíscola (Castellón).

Muchas destituciones en poco tiempo
Pero los tropiezos de Llombart como consejero no se quedan aquí. Tuvo en marzo un enfrentamiento con UGT a cuenta de un informe (‘Cuestión de vida o muerte’) elaborado por este sindicato, que señalaba que 2.752 pacientes de la Comunidad Valenciana habían fallecido prematuramente en 2008 por los deficitarios indicadores de gestión. Fabra debió llamar al orden a su consejero de Sanidad para que saliera a defender el honor de la sanidad valenciana, y éste, ni corto ni perezoso, dijo que iba a presentar una querella. Al final, las palabras de Llombart se quedaron solo en una bravuconada, porque no solo no emprendió acciones legales, sino que incluso la propia UGT acabó abroncando públicamente al responsable sanitario porque en este documento no había ni una sola palabra ofensiva contra los profesionales, como había dejado deslizar el exresponsable del IVO.

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También ha tenido ‘encontronazos’ desagradables con los profesionales sanitarios. Muy comentado fue el enfrentamiento directo con el presidente de la Unión Profesional Sanitaria de Alicante (Upsana), dirigente también del Colegio de Farmacéuticos de esta provincia, Jaime Carbonell, en la Gala de la Salud de Alicante celebrada en noviembre. Carbonell, cansado por las promesas incumplidas de los pagos adeudados a las farmacias y por el ‘jaleo’ montado con los algoritmos, le soltó a la cara: “Queremos que se tomen decisiones contando con los profesionales. En los estados democráticos hay que pactar. Cuesta más, pero luego salen mejor. Las pactadas, y no impuestas, siempre salen mejor”, dijo, arrancando los aplausos de un auditorio lleno de profesionales y pacientes. Llombart, que tiene fama de ser muy soberbio, replicó nada más tomar la palabra: “Por mucho que él diga, nosotros dialogamos y consensuamos. Durante este año, hemos llegado a muchos acuerdos que han sido muy beneficiosos para todos, siempre desde la más profunda democracia”, argumentó, aunque no fue capaz de enumerar ni uno solo de esos acuerdos mencionados.

En este tiempo no ha contentado ni a médicos, ni a farmacéuticos, ni a enfermeros. Ha conseguido poner de acuerdo a todos, pero en lo mal que lo está haciendo. A los médicos les ha ofendido con los algoritmos; a los farmacéuticos les ha hartado con los impagos a las oficinas de farmacia, prometiendo fechas que ha incumplido sistemáticamente; y a los enfermeros les ha enfadado entre otros asuntos por el caos organizativo de la prueba de la oferta pública de empleo.

Un año en definitiva perdido para la sanidad valenciana, sumida principalmente en problemas económicos, y que en este tiempo de Llombart no ha logrado avanzar nada. Es más, ha frenado el plan de cambio de modelo impulsado por el anterior consejero, Luis Rosado, que había propuesto un sistema con criterios más enfocados a la gestión para lograr ahorros en las ineficiencias que ya habían sido detectadas. El balance con Llombart difícilmente puede ser más negativo. Empezó con mal pie con la polémica entre el IVO y la consejería, y el desatino ha sido su tónica en estos 365 días.