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25/11/2013 n160
Mamá, quiero ser doctora
(y directiva)
Revista Médica

Las mujeres con formación universitaria en España eligen preferentemente desempeñar su carrera profesional en el sector de la salud. Ellas son ‘mayoría absoluta’ en las aulas de las facultades y cada vez más en centros sanitarios. Solo queda terminar de normalizar esa vocación femenina en los puestos directivos.


La secretaria general de Sanidad y Consumo del Ministerio, Pilar Farjas, es médico de profesión. En la imagen, en una aparición pública junto a la ministra Ana Mato

El Instituto Nacional de Estadística (INE), esa fuente inagotable de datos brutos sin interpretar, ofrecía hace pocos días una interesante estadística titulada ‘Mujeres y hombres en España’. En ella se destaca que el 13,5 por ciento de las mujeres en activo desempeña su labor profesional en el campo de la sanidad. La segunda mayor ocupación, solo superada por el comercio, al que se dedican casi dos de cada diez mujeres trabajadoras en nuestro país. Visto ese dato, ‘Mamá, quiero ser doctora’ debe ser una de las frases más escuchadas por los ‘españolitos’ que se apuntaron al ‘baby boom’ de los 70. Son las nacidas en esa década las que ahora representan al grueso de la plantilla del sistema sanitario. En la Enfermería, campo tradicionalmente ocupado por la mujer, es donde mejor se puede observar ese predominio. Según los datos más recientes del Ministerio de Sanidad, el 88 por ciento del personal de enfermería hospitalario es femenino. Igual sucede en Atención Primaria, donde representan el 76 por ciento de la plantilla enfermera.

El famoso ‘techo de cristal’ no está entre la Enfermería y la Medicina, es decir, los médicos no son todos hombres ni las mujeres enfermeras, como muchos pueden pensar. Es cierto que entre los médicos la superioridad numérica no es tanta, ni siquiera puede hablarse de superioridad. Las cosas van más lentas. De momento, el 51 por ciento de los doctores del primer nivel asistencial son doctoras, dato que baja hasta el 43 por ciento en el hospital. Parece poco, pero solo porque el desembarco femenino en la de Medicina está por venir. En las facultades de nuestro país, dependiendo de la comunidad, el porcentaje de mujeres oscila entre el 70 y el 80 por ciento. Igual sucede con los residentes, siete de cada diez son féminas.

Las consejeras Brígida Mendoza (Canarias), María Ángeles Palacios (Murcia) y María José Sáenz de Buruaga (Cantabria), en un Consejo Interterritorial del SNS de este año

Datos que hacen pensar que, de aquí a 20 años, casi será excepción encontrar a un médico masculino.

Eso si el empleo les respeta. Por el momento, la tasa de paro entre las mujeres dedicadas a la sanidad es abrumadora: el 65 por ciento del paro médico es femenino, porcentaje que sube hasta el 80 por ciento en Farmacia y al 90 por ciento en Enfermería. En las profesiones sanitarias minoritarias, tres cuartos de lo mismo, nunca mejor dicho. Tres de cada cuatro fisioterapeutas y dos de cada tres odontólogos y veterinarios en situación de desempleo en España son mujeres.


Política y colegios profesionales, coto masculino
La proporción que les afecta en el paro sanitario casi puede trasladarse a los puestos de responsabilidad. Es decir, poca mujer directiva para el porcentaje de población femenina que hay en el sector.

La vicepresidenta del Consejo General de Enfermería, Pilar Fernández, junto al presidente, Máximo González Jurado

En política quizá es donde se deje notar con mayor intensidad el intento por fomentar la igualdad de género. En el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (SNS) hay en la actualidad seis mujeres al frente de la Sanidad de Andalucía (María José Sánchez Rubio), Galicia (Rocío Mosquera), Cantabria (María José Sáenz de Buruaga), Canarias (Brígida Mendoza), Navarra (Marta Vera) y Murcia (María Ángeles Palacios). Seis ‘mujeres poderosas’ que, junto con la ministra del ramo, Ana Mato, y su segunda de a bordo, Pilar Farjas, deciden el rumbo del SNS junto con 11 consejeros masculinos.

El Pleno del Consejo Interterritorial es el tope de representación femenina en la toma de decisiones del sector sanitario. Poco más de un tercio del total. De ahí la cosa va para abajo. Se puede empezar por los colegios de médicos. Ninguna mujer en la Comisión Permanente del Consejo General y tan solo nueve de 52 al frente de los colegios provinciales. Menos de un 20 por ciento de representación en la Asamblea General de la Organización Médica Colegial (OMC), que contrasta con la paridad casi perfecta en la masa laboral facultativa del SNS. Más paradójico es el caso de los colegios de Enfermería.

La presidenta del Colegio de Médicos de Madrid, Sonia López Arribas, tomó posesión de su cargo en 2012 ante la mirada del presidente del Consejo General de Médicos, Juan José Rodríguez Sendín, y el consejero de Sanidad de Madrid, Javier Fernández-Lasquetty

Solo una mujer en la Junta Directiva, la vicepresidenta María del Pilar Fernández, y 19 presidentas de 52 provincias, algo más de un tercio, que ni se aproxima a la proporción femenina de la profesión enfermera en España.

Las farmacéuticas siguen un camino parecido al de sus colegas en el hospital y el centro de salud. El 70 por ciento de los farmacéuticos colegiados son mujeres y solo hay 12 presidentas de colegios provinciales. Un reparto más o menos igual de ‘proporcionado’ que en los otros colegios sanitarios pero con un punto extra a su favor: Carmen Peña es la primera mujer en presidir un consejo general de colegios sanitarios; y además cuenta en su equipo directivo con una escudera de altura, la secretaria general del Consejo, Ana Aliaga.


Mujer gerente de hospital, ‘rara avis’
El paroxismo de la falta de representación femenina en los puestos de responsabilidad sanitaria quizá se vea en las gerencias de los hospitales españoles. De los cerca de 800 centros públicos hospitalarios en España, apenas unas decenas están dirigidos por mujeres, aunque no existe un registro actualizado en nuestro país.

La médico Pilar Grande y la enfermera Conxita Tarruella son portavoces sanitarias de PSOE y CiU en el Congreso de los Diputados

En cualquier caso, la mujer gerente es una ‘rara avis’ en la gestión de recursos y la planificación hospitalaria, algo que contradice la idea de que la creciente feminización de la Medicina predispone a la mujer a los puestos directivos.

Si hay pocas ‘patronas’, casi menos sindicalistas. La Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM) no cuenta con ninguna mujer en su órgano estatal y solo con tres al máximo nivel autonómico/provincial (Extremadura, Granada y Las Palmas). No hay datos de proporción de afiliados, aunque la cifra debería representar el porcentaje paritario entre los médicos de hospital y de Primaria del sistema público. El Sindicato Médico tiene a su favor que lidera en la Federación Europea de Médicos Asalariados (FEMS) la “comisión de feminización” que estudiará durante los próximos meses el papel de la mujer en los sistemas sanitarios europeos. Además, ha demostrado una especial preocupación por los problemas que ellas puedan tener en el desempeño poniendo en marcha el Observatorio de la Mujer Médico.

Entre sus reivindicaciones destacan la necesidad de flexibilizar horarios para conciliar la maternidad con el trabajo, la creación de guarderías o convenios con centros privados o dar mayor facilidad de traslado de puesto de trabajo a las mujeres embarazadas. El ‘time banking’ es otra de sus propuestas estrella.

Pilar Román, primera mujer que preside la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI)

Este concepto conlleva la posibilidad de acumular días y horas de trabajo para poder disfrutarlo en forma de tiempo libre cuando las obligaciones familiares lo requieran, aunque, de momento, no se puede decir que la iniciativa haya triunfado en el SNS.

El último pero no menos importante sector donde la mujer todavía tiene mucho terreno que ganar es en el de las sociedades científicas. Aún se escucha aquello de “la primera presidenta en la historia” en uno de estos órganos. Entre ellas, Pilar Román, de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), o la recién nombrada Pilar Garrido, de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), son algunas de las excepciones destacadas. Ambas forman parte del total de seis mujeres presidentas dentro de las sociedades que componen la Federación de Asociaciones Científico-Médicas Españolas (Facme). A SEMI y SEOM se suman la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ), con Pilar de Lucas al frente; la Sociedad Española de Farmacología Clínica (SEFC, Cristina Avendaño), la de Radiología Médica (Seram, Carmen Ayuso) y la de Rehabilitación y Medicina Física (Sermef, Roser Garreta).

Todos los miembros de la Junta Directiva de Facme son hombres, aunque a partir de diciembre una mujer, al menos, entrará a formar parte de la Ejecutiva de la mano del nuevo presidente Carlos Macaya. Se trata de Ana Pastor, exvicepresidenta de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (Semfyc) y futura secretaria general de Facme.


La esperanza de la próxima generación
Hay otras experiencias aisladas de ‘lideresas’ sanitarias, como la de Cristina Contel, recientemente nombrada presidenta de la Federación Nacional de Clínicas Privadas (FNCP), o la de Elvira Sanz al frente de la patronal de laboratorios farmacéuticos innovadores (Farmaindustria). Sanz también dirige la filial de Pfizer en España, como Inmaculada Gil la de Daiichi Sankyo, por ejemplo.

Cristina Contel ha sido elegida recientemente presidenta de la Federación Nacional de Clínicas Privadas (FNCP)

Han dado el paso a directivas internacionales en este ámbito las españolas Belén Garijo, que ha sido nombrada hace pocos meses presidenta y CEO de la división biotecnológica de Merck a nivel mundial, y Laura González Molero, que dirige Merck Serono en Latinoamérica. Es significativo que con un puñado de párrafos se fotografíe casi sin excepción al colectivo de ‘mujeres poderosas’ en la sanidad española. Ellas mismas lo reconocen. “Somos más, sacamos mejores notas y, sin embargo, ellos siguen siendo mayoría en los puestos directivos”, lamenta Pilar Román, presidenta de la SEMI.

“Las mujeres en la sanidad aportamos lo que en cualquier puesto de responsabilidad: nuestra manera de ver las cosas. Somos más prácticas y eso es porque estamos acostumbradas a pensar tres cosas al mismo tiempo con el trabajo, los niños, la casa, y eso se tiene que notar en el trabajo”, explica Román. Su homóloga en la SEOM, Pilar Garrido, coincide: “es cierto que en los puestos de máxima visibilidad, sean institucionales o asistenciales, el número de mujeres es más pequeño”. Pero Garrido subraya: “creo que esto está cambiando”. “En mi caso soy la primera mujer que preside la SEOM, pero quiero pensar que no voy a ser la última. Hay muchos hombres con talento en España dedicados a muchas cosas, pero también hay muchas mujeres con talento y ¿por qué vamos a desperdiciar ese 50 por ciento del talento? Creo que hay que animar y seguir trabajando y pienso que este panorama cambiará en los próximos años para que sea un porcentaje más cercano a la realidad”, comenta Garrido.

Otra de las excepciones en la dinámica directiva de la sanidad es Isabel Montoya, presidenta del Colegio de Médicos de Murcia, que opina que “las mujeres nos vamos atreviendo a asumir cargos y retos, porque la mujer tiene otra mirada en ciertas cosas y desde luego puede aportar mucho a la profesión.

Elvira Sanz es la primera mujer que preside Farmaindustria, la patronal de los laboratorios farmacéuticos innovadores que operan en España

En la vertiente negativa, es verdad que cuando una profesión se feminiza, va perdiendo valor social, eso es así, pero las mujeres son unas buenas cuidadoras y las mujeres médico saben curar y saben acompañar mejor que nadie”.

En una cosa coinciden estas tres mujeres, en su perspectiva de futuro. La próxima generación tiene la llave del cambio. Hay infinidad de mujeres capacitadas para asumir puestos directivos en la sanidad. Mujeres que ya de pequeñas les hablaban a sus padres de su intención de ser doctoras, enfermeras o farmacéuticas. Las madres que a día de hoy han alcanzado ese hito todavía son pocas, pero son un ejemplo a seguir para esa inmensa mayoría de compañeras que se ocupan de nuestra salud, la de todos, y que también pueden encargarse de la sanidad en su conjunto. Nadie tiene nada que decir en contra de ese cambio, solo hay que esperar.