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25/11/2013 n160
24 HORAS CON
BOI RUIZ
‘Revista Médica’ ha acompañado al consejero de Salud de Cataluña, Boi Ruiz, durante una larga jornada de trabajo que comenzaba a primera hora de la mañana saliendo de un AVE procedente de Madrid. El madrugón no hace mella en él ni en su equipo ante tres actos públicos y varias reuniones privadas en un día que acaba cuando ya ha caído la noche.
por María Márquez / Imagen: Pablo Eguizábal
9.50 horas

El consejero de Salud de Cataluña, Boi Ruiz, llega a la estación de tren de Sants procedente de Madrid. Le acompaña su jefe de gabinete, Jaume Tort

10.30 horas

Pasar la tarde anterior en Madrid ha supuesto que se le acumulen documentos, ordenarlos es la primera tarea del día

El segundo café de la mañana para olvidarse del madrugón

Varias carpetas esperan su firma. No es lo que más le gusta de su quehacer diario

El consejero realiza algunas llamadas pendientes

Reunión habitual con el director del Servicio Catalán de Salud, Josep María Padrosa

12 horas

Participa en las XVII Jornadas Técnicas de Entidades de Base Asociativa (EBA), celebradas en el Hotel Alimara de Barcelona

Antonio Alemany, director general de Atención Primaria de la Comunidad de Madrid, también ha participado en las jornadas. Con él charla distendidamente antes de irse

Dos periodistas (Onda Cero y Europa Press) han acudido a este evento para saber la opinión del consejero sobre la reunión mantenida entre el secretario de Estado de Administraciones Públicas, Antonio Beteta, y los farmacéuticos catalanes. Escuchan atentamente sus comentarios su jefe de gabinete, Jaume Tort, y su jefe de prensa, Xavier Burjons

El tercer café de la mañana

Se reúne con los representantes de las EBA

14 horas

Llega a Igualada para clausurar las XXIII Jornadas de los Servicios de Farmacia de los Hospitales Comarcales de Cataluña. Le recibe su alcalde, Marc Castells, y el comité organizador

A punto de iniciar su intervención, con su discreta ‘sombra’, la jefa de Relaciones Externas y Protocolo del Departamento de Salud, Marina Ordóñez

Ante el abarrotado auditorio del Museo de la Piel de Igualada, que ha acogido las jornadas

Despidiéndose de un policía local de Igualada, antes de abandonar la localidad

17:30 horas

Un momento de la entrevista con ‘Revista Médica’

19 horas

Presentación de la consultoría Azierta en el Parque Científico de Barcelona. Le acompañan Ángel Navarro, consejero delegado (izq.), y César Molinero, socio-director

19.45 horas

Abandona el Parque Científico junto a Navarro y su jefa de Protocolo

Foto con los autores del reportaje, el cámara Pablo Eguizábal y la redactora María Márquez

Última imagen del día del consejero de Salud. Boi Ruiz retoma su vida privada

Los ‘ànims’ con los que el consejero de Salud de Cataluña, Boi Ruiz, se despide de los profesionales en cada acto al que acude son los mismos que guían sus pasos desde diciembre de 2010. Los ‘ánims’ que le han permitido adaptarse a una nueva vida que le imposibilita estar entre multitudes y hacer deporte como en su ‘vida anterior’ o sobrellevar pintadas de ‘asesino’ como las que borraban sus hijos (sin él saberlo) durante su primer año de consejero.

Se nota que está a gusto entre profesionales. Atrás quedaron las suspicacias de una primera etapa de reformas y hoy día el ambiente, como el propio Ruiz reconoce, está más “apaciguado”. En este jueves que le acompaña ‘Revista Médica’ (14 de noviembre) acude a tres actos: con médicos (reunión anual de las Entidades de Base Asociativa), farmacéuticos hospitalarios (jornadas anuales de los hospitales comarcales) y diversos expertos del sector (presentación de la consultoría científica Azierta). Reconoce el esfuerzo de todos ellos en un momento difícil, diciéndolo más como colega que desde el estatus de consejero, siendo consciente de que los ajustes salariales no han sentado bien a nadie.

La jornada se hace especialmente larga porque a su apretada agenda habitual se suma un ‘extra’: un viaje en tren desde Madrid a primera hora. Llega a Barcelona un poco antes de las diez de la mañana. No se oyen quejas en las doce horas siguientes, ni de él ni de su jefe de gabinete, Jaume Tort, con quien ha viajado. Tampoco se quejan Marina Ordóñez, su jefa de protocolo; su jefe de prensa, Xavier Burjons, ni su escolta, quien apunta tímidamente que le apena que haya gente “alejada de este mundo” que no pueda distinguir a un “consejero trabajador”. Afabilidad y trabajo, esa es la fórmula de Ruiz y su equipo para aguantar jornadas maratonianas como esta.

De la estación de tren de Sants se dirige a su despacho en Travessera de les Corts, un espléndido edificio modernista en el que Boi Ruiz recibe varias visitas en los pocos momentos que tiene entre acto y acto. La primera tarea, ordenar papeles. Ausentarse una tarde (por el viaje a Madrid) ha supuesto que se acumulen firmas, labor fácil que no le gusta especialmente. “Doy por hecho que todo está en orden, pero la firma final es la mía”, admite. Un café rápido, algunas llamadas y encuentro (habitual) con el director del Servicio Catalán de Salud, Josep María Padrosa, para despachar los asuntos del día.

Con las EBA, autogestión de éxito que otros consejeros quieren importar
Sobre las doce de la mañana, el consejero llega puntual al Hotel Alimara, donde se celebran las XVIII Jornadas Técnicas de Entidades de Base Asociativa (EBA, sociedades de profesionales sanitarios que forman una empresa mediante la que gestionan áreas básicas de salud), todo un referente innovador en la sanidad catalana. Se sienta primero en el público (donde también se encuentra Antonio Alemany, director general de Atención Primaria de la Comunidad de Madrid) y escucha a Francisco Longo, profesor de Dirección de Personas y Organización de Esade. En su intervención, Boi Ruiz no rehúye la palabra crisis y la utiliza como punto de inflexión para proponer un cambio de modelo asistencial, al tiempo que da la vuelta a un concepto muy manido en el sector. “La Atención Primaria (AP) no es la puerta de entrada asistencial, no puede ser solo para pasar y catalogar la enfermedad, sino para solucionar la mayor parte de los problemas”. Esa es precisamente la base de la pirámide reformista de este consejero, y en cuyos escalones superiores se encuentra, entre otras medidas, la racionalización de la asistencia hospitalaria, especialmente en lo que se refiere a la tecnología y la alta especialización. Con palabras de agradecimiento que no suenan a palmadita en la espalda, sino a “aquí arrimamos todos el hombro”, Ruiz se despide del acto institucional pero no de los representantes de las EBA, con los que desayuna por segunda vez esta mañana.

Antes, una charla distendida con Antonio Alemany (quien trata de llevar la fórmula a la Primaria madrileña) y un encuentro improvisado con la prensa. Son dos periodistas, de Onda Cero y Europa Press, a los que se acerca en cuanto les ve, saludándoles con complicidad, sin trabas por parte de su equipo. Han venido a este acto para ver si el consejero de Salud ve una provocación en la reunión que la tarde anterior ha mantenido el secretario de Estado de Administraciones Públicas, Antonio Beteta, con representantes del Consejo de Colegios de Farmacéuticos de Cataluña. El impago a las farmacias ha vuelto a los titulares, Beteta ha prometido que en una semana el Estado pagará la deuda y ha acusado al Gobierno de Artur Mas de no priorizar pagos. Haciendo gala de esa prudencia que le caracteriza ante los micrófonos, Boi Ruiz rechaza “entrar en polémicas” y solo apunta que Cataluña depende del Fondo de Liquidez Autonómica, sobre el que “no tenemos información”. Indirecta ‘muy directa’, sonrisa y charla distendida ‘en off’ con los periodistas, en la que no se desdice ni matiza, solo reitera. No quiere entrar en eso que llama “la política”, un juego que no le interesa (“el pim pam pum del sal tú para ponerme yo”) y que es una de las cosas que más le pesan en esta carrera pública. Le molesta también haber ‘perdido’ su veteranía de experto cuando va al Parlamento, ahora es político a ojos de los diputados, por eso quiere “recuperar el auctoritas” de su vida civil, la voz profesional de la gestión que acudía a la Cámara autonómica. Quizás en esos momentos piense eso de ‘¿quién me mandaría a mí?’, aunque dure solo unos segundos e inmediatamente después sienta qué gratificante es “ayudar a tu país”.



A continuación le espera la clausura de las XXIII Jornadas de los Servicios de Farmacia de los hospitales comarcales de Cataluña. Es un acto en Igualada, localidad a más de 60 kilómetros de Barcelona. Un trayecto en coche a una hora (dos de la tarde) en la que el resto de mortales está comiendo o a punto de hacerlo. Su almuerzo se retrasará y aun así no pica nada del pequeño cóctel que han preparado los organizadores del evento. Se queda unos minutos para hablar con autoridades y profesionales que se le acercan para plantearle inquietudes. Ejercita una cercanía diferente a la del ‘político profesional’, no hay intermediarios entre la gente y él y tampoco se excede saludando a todo el mundo. Además del gerente del Área Sanitaria, Oriol Morera o el alcalde de Igualada, Marc Castells, le acompaña (discretamente) Antoni Gilabert, gerente de Atención Farmacéutica y Prestaciones Complementarias del Servicio Catalán de Salud. En su discurso, unos minutos antes, ha aflorado de nuevo la crisis, y de nuevo con agradecimiento a la paciencia del profesional ante “los ajustes retributivos” que permiten pagar “seis millones de euros diarios de intereses”. Aquí a los “ànims” se suma un mensaje tranquilizador: la Consejería dice “no” a copagar los fármacos hospitalarios ambulatorios. Es el primer (y será el único) atisbo de consigna política que aparece en su discurso. Hasta el momento se ha decantado por el lenguaje del profesional y la explicación de sus políticas, pero sabe que el tema preocupa mucho.

La etiqueta falsa que más pesa: ‘privatizador’
De vuelta a Barcelona y aunque no ha tenido demasiado tiempo para disfrutar de un almuerzo privado, la sonrisa no se va de su rostro cuando regresa al despacho. Al llegar, tiene un par de reuniones pendientes y en el escaso tiempo que le resta antes de ir al último evento de la jornada atiende amablemente a ‘Revista Médica’ para conocer su lado más personal. Es entonces cuando sale a la luz lo mucho que echa de menos perderse entre la multitud, en fiestas como la Mercè de Barcelona, conciertos, el teatro… Ha tenido que renunciar a ello en esta ‘nueva vida’, pero en el otro lado de la balanza pone el servicio a “su país” y que ciudadanos anónimos o gente próxima valoren “el mérito de tener una responsabilidad pública en un momento difícil y sin tener aspiraciones políticas”. De hecho, recalca en más de una ocasión (unas veces más veladamente que otras) su independencia de las siglas políticas, la que le permite regir su actividad pública con el principio que rige su vida, “el método científico, nada es bueno ni malo si no se puede comparar”. Esto se traduce en atender las críticas que considera fundadas y olvidar las que proceden de lo que él llama “tactismo político”. Es despectivo cuando se refiere al juego de cruzar acusaciones en los medios pero al mismo tiempo rechaza la crítica fácil a este colectivo. “Los que digan que los políticos son unos inútiles, que ‘se pongan’. Yo me he puesto”, reta.

¿Y cómo logra Boi Ruiz mantener la calma en medio de la marabunta mediática? Sabiendo que no podrá hacer nada contra “el conflicto de intereses” que rodea a su gestión. Ante decisiones comprometidas (bajar sueldos, listas de espera, eliminar inversión…), dice orgulloso que no ha “engañado a nadie” y que ha hecho todo lo que dijo cuando llegó a su despacho en Travessera de les Corts. Ese ‘lado zen’ solo salta cuando ve críticas infundadas, como la de ‘privatizador’. “Solo quiero que me digan qué he privatizado yo desde que soy consejero”, protesta.

Pocos sabrán que su carrera en la gestión viene de “comer y cenar con los problemas de la dirección de enfermería de un hospital”, a los que hacía frente su mujer. Ella es, según sus palabras, la “gran sacrificada”, no solo por acostumbrarse a escoltas y a ver mucho menos a su marido, sino porque ha tenido que abandonar su puesto de trabajo. Por este asunto ya han sido diana de un periódico que hizo creer que ese cargo hospitalario era un ‘dedazo’ en toda regla. Con ella y un hijo (el único que vive en casa de los tres que tienen) comparte el descanso en los fines de semana sin agenda pública. No quiere “castigar el cuerpo” como en su “vida anterior”, cuando practicaba tenis y hasta calentaba con sus hijos antes de los partidos de hockey sobre hielo. Tal fue su implicación en este deporte que llegó a ser delegado del equipo del Barcelona, con el que viajaba frecuentemente a Madrid. De esa etapa guarda en su mesa un disco de caucho, que enseña rememorando cuán de agresivo puede ser su impacto. El hecho de que no practique ejercicio físico no significa sin embargo que este cirujano ortopédico y traumatólogo descuide su estado físico. “Controla” lo que come y lo que bebe, y vigila su peso.



Además del deporte, otra de las aficiones que retomará cuando vuelva a su “vida civil” es la lectura de novelas antes de dormirse. Las horas que pasa leyendo en el despacho le imposibilitan concentrarse de madrugada en la letra impresa, así que “desconecta” con series de televisión. Destaca dos “de culto” para él, ‘El mentalista’ y ‘Big Bang Theory’. En el cine también lo tiene claro, británico, francés y español, y poco o nada de los Estados Unidos. Le gusta el blanco y negro, no solo el clásico sino las propuestas actuales más arriesgadas.

La entrevista se acaba (que no el día) con lo primero que hará cuando vuelva a ser Boi Ruiz, doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad de Barcelona y diplomado en Gestión Hospitalaria por la Escuela de Alta Dirección y Administración de Barcelona. No lo piensa demasiado: conducir su autocaravana y viajar con su familia de costa a costa de Estados Unidos. No será la primera vez que emprende un gran viaje, ya que de esta forma visitó en dos ocasiones el Cabo Norte (Noruega).

Cambiar el presente para un mejor futuro
De nuevo con puntualidad británica llega al último acto de la jornada. Se presenta la asesoría y consultoría científica Azierta en el Parque Científico de Barcelona, muy cerca de la sede de la Consejería. Con él, su jefa de protocolo Marina Ordóñez quien, con el mismo carácter afable del consejero destaca el intenso ritmo de una agenda en la que muchas veces ‘no existen’ sábados y domingos. Pese al madrugón y las horas que son no decae el buen humor de Boi Ruiz. “Es un acierto que Azierta se presente en Barcelona”, así rompe el hielo. Cuando se dirige a los presentes (entre los que se encuentra el exconsejero valenciano de Sanidad Luis Rosado), enlaza el conocimiento científico con la economía, un pilar que permitirá, según él, “no vivir solo del turismo; si queremos vivir mejor, hay que apostar por la investigación en todas las dimensiones de la biotecnología”. Reconoce ante el consejero delegado de Azierta, Ángel Navarro, que el mecenazgo es una asignatura pendiente, y acaba con un mensaje optimista. Hay que cambiar el panorama para ser más fuertes en el futuro. Lo mismo que ha dicho a médicos y farmacéuticos horas antes. Ver la crisis como una oportunidad de mejora en la que cree firmemente le ha ayudado a sobrellevar protestas multitudinarias, pintadas callejeras y la pérdida de su intimidad.

Acaba el último acto del día. Abandona el Parque Científico discretamente y con el mismo buen humor de primera hora de la mañana. Hasta posa para una fotografía con la periodista y el cámara de ‘Revista Médica’ que han sido su sombra en este jueves de noviembre. El coche oficial espera en la puerta y entra en acción Boi Ruiz a secas, el fan de ‘El mentalista’.