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18/11/2013 n159
Jorge Gallardo
los ricos también lloran

Malos resultados los que está arrojando este año el primer laboratorio de ‘bandera’ nacional. Los planes de internacionalización que se planteó su presidente hace más de una década no van todo lo bien que esperaba, y el efecto negativo augurado por tener casi todos los huevos en la cesta española le está afectando. Pasados ya los 70 años, Jorge Gallardo, un millonario amante de la buena vida, ve que no está pudiendo cristalizar el proyecto de que el laboratorio que heredó de su padre sea ‘respetado’ fuera de nuestras fronteras.


Revista Médica
Una mansión en Barcelona, en la zona más privilegiada, enfrente justo de la Clínica Planas -frecuentada por pacientes como el Rey Juan Carlos-, y su gusto por el paddle, el esquí y el golf retratan en buena medida el nivel de vida de Jorge Gallardo (Barcelona, 1941), ingeniero industrial de formación y presidente del laboratorio farmacéutico Almirall, el más importante con nacionalidad española. La fortuna que comparte con su hermano Antonio -vicepresidente- ha aparecido en prensa como una de las 50 más grandes de nuestro país, por delante por ejemplo de las que acumulan los conocidos constructores Florentino Pérez y Juan Miguel Villar Mir, cifrándose el valor de la empresa en torno a los 1.800 millones de euros.

Jorge y Antonio son continuadores de la visión empresarial que tuvo su padre, Antonio Gallardo Carrera, alto ejecutivo de Air France en Barcelona que dejó su cómoda butaca por cuenta ajena para emprender por propia la fabricación de medicamentos en un país que vivía los difíciles años de la posguerra. Y acertó, y pudo criar a sus hijos en el ambiente de la alta burguesía catalana.

De Jorge cuentan que es amante de la buena mesa y que como buen multimillonario posee una colección de arte, principalmente precolombino. Su despacho tiene unas magníficas vistas al Tibidabo.

Con Elvira Sanz, actual presidenta de Farmaindustria, un cargo que él desempeñó en dos ocasiones

También dicen que es un empresario tenaz, empeñado en demostrar que su figura está al menos a la altura de la de su padre. Por eso uno de sus principales empeños es tratar de que el nombre de Almirall, de sobra conocido en España, lo sea también en el extranjero. Ese quiere que sea el logro por el que se le recuerde en la historia de la compañía. Pero los ricos también lloran, como decía la célebre telenovela mexicana de la década de los 80, y su propósito se está quedando en los primeros pasos de un proyecto que no acaba de cuajar. Y él ya ha cumplido los 72 años. En 2006 reconocía en ‘El País’ (su medio de cabecera a la hora de dar las contadas entrevistas que concede) que le “encantaría” que el 80 por ciento del negocio de Almirall fuera internacional, y un 20 nacional.

Pero del dicho al hecho va un trecho y la realidad está siendo otra. Es cierto que el laboratorio ha avanzado en esta idea bajo la presidencia de Jorge Gallardo, especialmente con un ‘empujón’ importante en 1997, cuando Almirall se fusionó con Prodesfarma, otra farmacéutica de la burguesía catalana, en este caso de la familia Vila Casas. Portugal, Holanda, Francia, Alemania o Italia han sido los mercados europeos en los que ha comenzado a operar en este siglo XXI, y también se abrieron las puestas de Latinoamérica, Estados Unidos y el mercado oriental, con acuerdos en Japón (con Kyorin por los derechos exclusivos de un fármaco para la EPOC) y buscando sinergias en China. Pero, a pesar de estar presente en 22 países, Jorge Gallardo se encuentra aún lejos aún de ese deseo que expresaba ocho años atrás de que España fuera “un país más” en la cuenta de resultados, no el centro del negocio. Con los datos del primer semestre de 2013 en la mano se puede comprobar que las ventas netas cayeron un 8,1 por ciento, hasta los 343,8 millones, siendo en España el descenso más acusado, ya que Almirall ingresó 134,1 millones de euros, un 17,3 por ciento menos que en los seis primeros meses del año anterior. A pesar de los resultados positivos en algunos otros mercados, el ‘lastre español’ ha pesado en lo que va de curso para que el beneficio se haya desplomado un 76,1 por ciento hasta septiembre, en comparación con el mismo periodo de 2012.


Los decretazos, su preocupación
Si hay algo que le altera especialmente a Jorge Gallardo son los bandazos a los que la Administración española está sometiendo a la industria farmacéutica innovadora. “Sueño con el día en que nos llamen de Madrid y nos digan: ‘Estáis haciendo las cosas bien, seguid e incrementad vuestras actividades de investigación e internacionalización. ¿Qué podemos hacer por vosotros, cómo os podemos ayudar? Queremos ir a veros para conocer mejor lo que estáis haciendo, vuestros objetivos y problemas’. Espero que ese sueño se haga un día realidad”, decía en 2005 en una entrevista con ‘Expansión’.

Los hermanos Gallardo

Él, que ha sido dos veces presidente de Farmaindustria, no se cansa de pedir un marco estable. Aunque en su despacho haya fotos con Felipe González y con José María Aznar, le da igual que el gobierno haya sido socialista o ‘popular’, para todos ha tenido duras palabras. A las ministras Celia Villalobos y Ana Pastor les recriminó que no cumplieran el pacto que en 2001 firmaron el Ministerio de Sanidad y la patronal farmacéutica. “Estamos bastante quemados”, dijo de nuevo en ‘El País’ en 2004, en víspera de la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero a La Moncloa. Pero con el PSOE las cosas no mejoraron, y los ‘decretazos’ en los años de Elena Salgado, Bernat Soria, Trinidad Jiménez y Leire Pajín le llevaron a augurar que iban a “desaparecer muchas compañías farmacéuticas españolas”. En una junta de accionistas de 2012 volvió a evidenciar que no confía en España y en sus políticos: “Si en el 2000 no hubiéramos ido al extranjero, ahora estaríamos en una situación catastrófica”.
Una familia inversora
Los Gallardo son un apellido de negocios con inversiones dentro y fuera de Cataluña y en sectores muy diversificados. Antonio Gallardo, además de vicepresidente de Almirall, es quien lleva las riendas de Landon Investments, una sociedad patrimonial familiar en la que también ha tenido protagonismo Jorge Gallardo Piqué, y que ha invertido con suerte dispar en los últimos años en sectores tan diferentes como el hotelero (Sercotel); la energía solar (Fotowatio); la publicidad, el cine y la televisión (Infinia); la alimentación (Bellsolà); el material de oficina e informática (Picking Pack); o incluso en griferías de baño (Sedal).


Un convencido de la I+D
Gallardo, que sí ha visto con buenos ojos el copago farmacéutico implantado por Ana Mato, es un convencido de que la inversión en I+D es el único camino para que su laboratorio avance.

Fachada del centro I+D de Almirall ubicado en Sant Feliu de Llobregat

Es curioso que ni él, ni su hermano Antonio, como tampoco su padre, hayan tenido una formación científica y estén tan concienciados de la importancia de la investigación y la innovación en su desarrollo empresarial. El centro I+D de Almirall ubicado en Sant Feliu de Llobregat, cerca de Barcelona, se inauguró en 2006 y constituye la mayor inversión realizada por la industria farmacéutica en España (750 millones de euros hasta 2011). Ese mismo día, y ante el Rey Juan Carlos, Gallardo no se ‘cortó’ y recordó al ministro socialista José Montilla que el Gobierno central debía potenciar más este campo, en el que Almirall es líder en España. Así al menos lo afirmó en 2012 la consultora internacional Booz & Company, que situó a este laboratorio a la cabeza de la inversión en I+D en España junto con Telefónica, Iberdrola y Acciona, y por delante de competidores como Grifols o Zeltia.


El relevo generacional, en el aire
Aunque a sus 72 años presenta un aspecto bastante jovial, Jorge Gallardo (Jordi, para sus amigos catalanes) tiene claro que Almirall debe seguir en manos de la familia fundadora, y busca un sucesor. Eso sí, al candidato no le bastará con el apellido, debe cumplir el requisito indispensable de estar preparado para el cargo.

Jorge Gallardo Piqué

Por eso entre las condiciones que han puesto él y su hermano Antonio está haber trabajado unos años en el sector, fuera de Almirall, e ir subiendo luego peldaños en la empresa. Su hijo Carlos lo hizo en Pfizer, y poco a poco fue cogiendo responsabilidad con posterioridad en el laboratorio de la familia, hasta dirigir la división del Reino Unido. Pero en mayo de este año seguramente le dio un disgusto a su padre al dejar la empresa familiar alegando “motivos personales”. Su otro hijo varón, Jorge Gallardo Piqué, no está directamente en Almirall, sino que gestiona fondos de inversión que tiene la familia. Concretamente Goodgrower, una sociedad que cerró en 2012 la compra de la red de hospitales de Adeslas (rebautizada por él como Vithas) y que además cuenta con participaciones en empresas del sector sanitario en otros países europeos. Su sobrino Antonio Gallardo (hijo de su hermano), también ha hecho carrera en Almirall. Son tres opciones que están ahí.

Con el relevo generacional preparado, pero aún en el aire, queda otra incógnita por despejar: si Jorge Gallardo será capaz de cumplir su sueño de llevar a Almirall hasta ese nivel de internacionalización que no le haga depender de la inestabilidad del mercado español. Él, aficionado al deporte y a competir, seguro que va a seguir poniendo su empeño en ello.