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11/11/2013 n158
un laboratorio en problemas
¿Se imagina un laboratorio farmacéutico que estuviese más en los medios de comunicación por despidos, retirada de fármacos y acuerdos millonarios para evitar escándalos, que por avances científicos? Ese es Sanofi, que desde que perdió el apellido Aventis ha entrado en una espiral negativa que parece no tener fin.


Revista Médica
Dicen que a perro flaco todos son pulgas, y eso le está sucediendo a Sanofi, un gigante que está pasando apuros y viendo cómo su imagen de marca se ha venido deteriorando en su propio país, Francia, y en el plano internacional. Varios han sido los escándalos que en los últimos meses han salpicado a la farmacéutica. En mayo de este año, Francia sancionaba a Sanofi por desprestigiar los genéricos de la competencia de Plavix, clopidogrel, un producto sobre el que este laboratorio perdió la patente en 2008, aunque amplió la protección gracias a periodos adicionales. La denuncia fue puesta por Teva, que en Francia es el tercer mayor fabricante de medicamentos genéricos. Concretamente la administración gala acusó a Sanofi de haber puesto en marcha una “estrategia de comunicación integral y estructurada con el objetivo de influir en los médicos y farmacéuticos para detener el mecanismo de la sustitución genérica”, razones que llevaron a las autoridades a sancionar a la compañía con 40,6 millones de euros.

Marc-Antoine Lucchini es el director general para España y Portugal. Sus méritos anteriores en la compañía son la dirección de Sanofi en Egipto durante dos años, y tres años en la Unidad Cardiovascular

Tal vez la cantidad no sea en principio importante para un gigante como Sanofi, pero la mancha para el nombre del laboratorio ahí queda, sembrando la duda razonable entre los profesionales y la opinión pública.

Acuerdo millonario para evitar males mayores
No hay duda de que 2013 está siendo el 'annus horribilis' para Sanofi, que tal vez está recogiendo en forma de tempestades los vientos que fue sembrando tiempo atrás. En septiembre la multinacional llegaba a un acuerdo por el que pagará 40 millones de dólares (más de 29 millones de euros) a un grupo de inversores por no haber informado sobre los problemas de seguridad de la píldora para la pérdida de peso rimonabant, comercializada como Acomplia y Zimulti, vinculados con un mayor riesgo de suicidio. La denuncia la puso un grupo de inversores encabezado por Hawaii Annuity Trust for Operating Engineers, después de que la FDA negara la autorización de comercialización a rimonabant el 13 de junio de 2007, porque su uso podría aumentar los pensamientos suicidas y la depresión. Los denunciantes denunciaron que Sanofi ocultó las pruebas clínicas que demostraban un aumento estadísticamente significativo de suicidios entre las personas que tomaban el fármaco. Finalmente la compañía, para evitar un juicio más costoso en imagen y dinero, cedió un acuerdo millonario.


Myolastan, el primer disgusto de 2013
Meses antes, en enero, la multinacional comenzaba muy mal el año con la recomendación de Francia a la Agencia Europea del Medicamento (EMA) de revisar la seguridad de su popular relajante muscular, Myolastan, y todos los fármacos de esta misma familia que contuvieran tetrazepam. La Agencia Francesa del Medicamento (ANSM) había acumulado desde finales de la década de los años 70 más de 1.600 efectos adversos. Cerca de 650 de esas notificaciones serían de carácter grave, incluyendo 11 fallecimientos, y 805 estarían relacionadas con problemas cutáneos. En abril, la EMA atendía el requerimiento francés y suspendía la comercialización de Myolastan en la Unión Europea después de que la Comisión de Evaluación del Riesgo en Farmacovigilancia (PRAC) de dicho organismo detectase el riesgo de aparición de reacciones cutáneas graves. Adicionalmente, consideraba que frente a este riesgo, los datos relativos a la eficacia clínica

Una pancarta en una manifestación de los trabajadores de Sanofi en Francia. "Viehbacher me mata", se puede leer

no eran lo suficientemente sólidos como para considerar positivo el balance beneficio-riesgo de tetrazepam y que éste pudiera mantenerse favorable con medidas adicionales de minimización de riesgos. En mayo se publicaba la decisión de la Comisión Europea en la que se ratificaba la suspensión de la autorización de comercialización en Europa de los medicamentos con tetrazepam.

A España la prohibición de la comercialización de este fármaco de Sanofi llegaba en junio y se hacía efectiva el 1 de julio. La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps) alertó de que no debían iniciarse nuevos tratamientos con tetrazepam e instaba a que los pacientes que seguían alguno a que acudieran a su médico a revisarlo y lo sustituyesen por otra alternativa terapéutica.

Para valorar la dimensión de Myolastan en las cuentas de Sanofi basta con el dato que indica que solo en 2010 lo consumieron más de tres millones de pacientes franceses.


Caída en picado de los beneficios
Sanofi lleva años arrastrando una tendencia negativa en sus beneficios. En 2012 cayeron un 7 por ciento, algo que la compañía achacó a la pérdida de la patente de algunos medicamentos en Estados Unidos. En 2013 las cosas no van mejor. Es más, han empeorado. La compañía farmacéutica francesa reconoció que sus beneficios hasta septiembre han caído un 40,9 por ciento respecto al mismo periodo de 2012. De este modo, la multinacional ha revisado su previsión para el conjunto del año y espera que sus resultados se sitúen al cierre del ejercicio en la parte baja de su anterior horquilla, por lo que el beneficio por acción de la compañía será un 10 por ciento inferior al de 2012.

Investigadores de Sanofi protestan por los recortes de puestos de trabajo en la empresa en una de las plantas de Francia



Una sangría de despidos
Ante la crisis económica y empresarial que vive desde hace años, Sanofi ha tirado por el camino de en medio: despedir trabajadores. Solo en España, en 2010, anunció que dejaba en la calle a 227 empleados de la red de ventas y servicios generales, excusándose en “los efectos negativos derivados de la expiración de derechos de protección de productos, la penetración de los genéricos y la reducción de los precios de los medicamentos”. Según recoge la prensa catalana (el centro de operaciones de Sanofi en España está en Barcelona), se preparan nuevos despidos, así como un acuerdo de congelación salarial y de reducción de incentivos y bonus para este y el siguiente curso.

En Francia, epicentro de la actividad de Sanofi, la situación es más complicada aún, y está erosionando gravemente el prestigio social de la compañía en este país. Cientos de empleados se han manifestado en las plantas de Montpellier y Toulouse ante los masivos expedientes de regulación de empleo, que prevén un millar de despidos, e incluso han marchado hasta la capital, París, para hacerse notar más ante la opinión pública. El caso ha llegado hasta las esferas políticas, y en el Senado se ha denunciado que Sanofi planeaba reducir su actividad investigadora, al tiempo que se beneficia de unos 150 millones de euros en exoneraciones fiscales cada año por sus tareas en este ámbito.
¿Soborno en China?
Por si fuera poco todo esto, en agosto un reportaje publicado por el rotativo cantonés '21st Century Business Herald' sacó a la luz que la filial china de Sanofi habría sobornado a facultativos en China en 2007 con el objetivo de aumentar sus ventas en el gigante asiático. En el reportaje, un denunciante anónimo -supuestamente un alto cargo de la filial de la compañía en China- aseguró que el personal de Sanofi pagó unos 1,69 millones de yuanes (276.000 dólares, 206.000 euros) en concepto de sobornos a más de 500 médicos de 79 hospitales de las ciudades de Pekín, Shanghái, Hangzhou y Cantón.

Chris Viehbacher, un líder controvertido
Desde que el canadiense-alemán Christopher A. Viehbacher fue nombrado en 2008 CEO de Sanofi (entonces todavía con el apellido Aventis), sus decisiones no han gustado en el sector más veterano de la empresa. Llegó con la intención de poner fin a los proyectos que consideraba “poco prometedores”, recortó puestos de trabajo por cientos y se lanzó a adquisiciones como la de Genzyme,

Christopher A. Viehbacher, el controvertido consejero delegado de Sanofi desde 2008

el mayor fabricante del mundo de tratamientos para las enfermedades genéticas raras, en lo que se consideró en su momento como una adquisición hostil. Viehbacher dijo entonces que esperaba que algunos hábitos de la cultura de innovación de Genzyme se contagiaran a Sanofi. “Fuera de nuestras investigaciones en Francia, en realidad no hemos desarrollado una nueva molécula en 20 años”, dijo ante los periodistas en julio de 2012 en una presentación de resultados.

Como se puede comprobar, no corren buenos tiempos para Sanofi. Algo no marcha bien y parece que sus directivos no dan con la tecla, por muchos recortes que han hecho hasta ahora en la plantilla. El problema parece estar más en las probetas y tubos de ensayo que en descender el personal en nómina.