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04/11/2013 n157
Así moviliza el Rey
la sanidad pública
Revista Médica
La intervención quirúrgica que Miguel Cabanela ha realizado al Rey en el Hospital Universitario Quirón de Madrid ha reabierto el debate en torno a si el monarca debe ir a la sanidad pública o a la privada. En cualquier caso, la Casa Real dispone de un protocolo permanentemente activado en centros públicos de toda España. Aunque, puesto a elegir, el monarca se suele decantar por la privada.


La sanidad española lleva años siendo arma arrojadiza entre partidos de gobierno y oposición, sin distinción de colores políticos. Por este motivo hay ciertos prejuicios sociales que rodean la prestación pública y la privada. Esta polémica salpica incluso a los estamentos más altos de la sociedad, como puedan ser los órganos gubernamentales o la propia Casa Real. La reciente operación a la que se sometió el Rey en el Hospital Universitario Quirón de Madrid ha abierto de nuevo el debate en torno a si debe ser atendido en la sanidad pública o en la privada. Aunque el monarca ha recurrido en los últimos años principalmente a esta última (se ha operado en centros como La Milagrosa, Quirón San José o el mencionado Hospital Quirón de Madrid), dispone de un dispositivo activado permanentemente en la sanidad pública por si a él o algún miembro de su familia le ocurriera alguna emergencia. Casa Real no ha querido ni confirmar ni desmentir la información a la que ha tenido acceso ‘Revista Médica’, que señala que el Hospital Universitario La Paz atendería a cualquier incidencia especial pediátrica, y el Puerta de Hierro-Majadahonda casos urgentes de adultos.

Pero un dispositivo así forma parte de un protocolo estandarizado que no se restringe solo a Madrid. Allí donde viaja el Rey por España se activa la alerta en el centro hospitalario más cercano: en el Virgen del Rocío de Sevilla, la Fe en Valencia o Valdecilla en Santander, por poner algunos ejemplos. También en las vacaciones de verano de la Familia Real, ligadas indefectiblemente a Mallorca. Aunque cada vez son menos integrantes de la Casa Real que se reúnen en el Palacio Real de Marivent por las ‘turbulencias’ vividas en los matrimonios de las Infantas Elena y Cristina, los Reyes y el Príncipe Felipe y su familia no suelen faltar a la cita. Por este motivo, siempre hay reservadas varias plazas hospitalarias por si sucede algo. Durante bastante tiempo fue Son Dureta el centro elegido, y desde hace tres años es Son Espases el que está ojo avizor.

El Rey Don Juan Carlos, acompañado por la entonces consejera de Salud de Cataluña, Marina Geli, tras la operación a la que se sometió en 2010 en el Clínic de Barcelona

El Rey suele viajar con su propio equipo médico, por lo que el protocolo está más pensado para poder disponer de un espacio sanitario concreto que de un equipo de profesionales. Además, este hospital también se convierte en el centro de referencia de las hermanas de la Reina o de otros familiares que puedan ir a pasar unos días en la isla.

Otro ejemplo del uso de la sanidad pública por parte de Don Juan Carlos es la operación a la que fue sometido en Barcelona en mayo de 2010, cuando se le tuvo que extirpar un nódulo en el pulmón derecho que finalmente resultó ser benigno. El Hospital Clínic de Barcelona fue el elegido para llevar a cabo la intervención. Entonces se cerró una planta entera del Barnaclínic, la zona destinada a los pacientes ‘privados’, aunque la operación se cargó a la Seguridad Social como si se tratase de un paciente de la parte pública. Eso sí, Casa Real, que hace firmar un documento de confidencialidad a todo el que participa directa o indirectamente en una estancia hospitalaria del Rey, en esta ocasión se encargó de airear que pagó una factura de extras que incluía desde la última Coca-Cola que se sirvió a los escoltas, hasta la pernoctación de los miembros del séquito que le acompañaron, pasando por el catering de media mañana y de media tarde. Tras recibir el alta, abandonó la clínica por su propio pie y acompañado por la entonces consejera de Salud de Cataluña Marina Geli. Tuvo entonces unas palabras dirigidas específicamente a la sanidad pública: “En España debemos estar orgullosos de la sanidad pública que tenemos”, y quiso precisar que era igualmente buena “en Cataluña y en Madrid”, tal vez para no levantar celos profesionales ni suspicacias en la capital de España.


Decisiones bajo lupa
Y es que cualquier movimiento o decisión que toma el Rey respecto a su salud, como es lógico, es sometido a la lupa de la opinión pública. En la ocasión del Clínic se le criticó que fuera a la pública, pero aprovechando la intimidad y las comodidades de la parte privada. Ahora, cuando ha pasado por el quirófano del Hospital Universitario Quirón, se han escuchado voces como la del secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, indicando que hubiera preferido “que el Rey se hubiera ido a un hospital público” a realizarse la operación.

Posando con el equipo que le ha atendido en el Hospital Universitario Quirón de Madrid, y con Pilar Muro, presidenta del grupo

En Quirón, donde también estuvo ingresado una semana su nieto Felipe Juan Froilán en abril de 2012, tras dispararse en un pie con una escopeta de caza, no ha podido disponer de una planta entera para él, como marca como preferencia el protocolo de seguridad que maneja la Casa Real, y se ha tenido que conformar con varias suites.

Inmerso el país en la polémica de los recortes sanitarios en la pública y el aumento de las listas de espera quirúrgicas, al Rey y a su entorno se le planteó el dilema de si no sería visto como un trato de favor que se le operara directamente en uno de los centros que gestiona la Administración. Tampoco se quería apostar abiertamente por la privada, por si también generaba suspicacias, y por eso se quiso justificar como una decisión facultativa la elección de Quirón, la red hospitalaria privada más grande ahora en España. Desde Casa Real se filtró a la prensa que fue una decisión del equipo médico dirigido por el cirujano Miguel Cabanela después de visitar varios hospitales y concluir que éste reunía las mejores características para llevar a cabo esta operación. Puestos a echar en cara, también se le recriminó en 2005 y 2007 a la Familia Real, incluso en sede parlamentaria, que Leonor y Sofía, hijas de los Príncipes de Asturias, nacieran en la madrileña Clínica Ruber, como los hijos de la Infanta Elena, Felipe Juan Froilán y Victoria Federica, o los de la Infanta Cristina que vinieron al mundo en la Teknon de Barcelona. Es un debate, pues, que ya tiene recorrido.

Lo cierto es que el Rey ha preferido la privada a la pública a lo largo de los últimos 30 años en los que ha sido sometido a una decena de intervenciones. Con alguna salvedad. En diciembre de 1991 su rodilla derecha pasaba por el ‘taller’ tras un accidente esquiando en Baqueira Beret. En esta ocasión era el Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología del hospital público Puerta de Hierro de Madrid el encargado de la misión. Como señala el libro ‘1964-2004. Hospital Universitario Puerta de Hierro’, el centro prestaba por entonces asistencia al Rey y a otros miembros de la Familia Real. Eran otros tiempos, en los que la sanidad no estaba tan en el punto de mira político, y no se discutía dónde se operaba el monarca. Los medios de comunicación simplemente atendían al parte que daba el entonces gerente de la clínica, José María Segovia de Arana, sin entrar en valoraciones ni análisis de más calado. Eran años en los que no se cuestionaba el papel de la Corona y sus representantes.


Gusto por la sanidad de Estados Unidos
Aunque oficialmente el Rey nunca ha sido operado fuera de España, él y su familia han mostrado en varias ocasiones su especial interés en la sanidad de Estados Unidos. En esta última operación, la realizada en septiembre en Madrid, parece ser que Don Juan Carlos barajó la posibilidad de irse a este país para ser operado. Finalmente el cirujano Miguel Cabanela, de la estadounidense Clínica Mayo, fue el que se desplazó hasta España. Antecedentes similares se encuentran en la Familia Real, como cuando en 1980 el padre del Rey, Don Juan, Conde de Barcelona, viajó hasta Nueva York para un reconocimiento general en el Memorial Hospital. Allí se le detectó un cáncer de laringe y se le extirpó un tumor en el submaxilar izquierdo. Años después volvería a pasar por el quirófano, esta vez en la Clínica Universitaria de Navarra, y en 1993 esta enfermedad le causaría finalmente la muerte.
El Rey, un paciente muy especial
Tener al Rey como paciente es un arma de doble filo. Por un lado está la tentación de que su presencia dé publicidad al centro elegido, pero por otro, cualquier fallo se eleva a la enésima potencia.

El Príncipe Don Felipe, en la rueda de prensa ofrecida a los medios de comunicación en el Hospital Ruber Internacional de Madrid, tras el nacimiento de la Infanta Sofía, su segunda hija

Ahí están los casos de la Clínica La Milagrosa de Madrid, donde el monarca ingresó en marzo de este año para ser operado de una estenosis de canal y de una hernia discal en la zona de la columna lumbo sacra. Los buenos augurios de los gestores por la publicidad que podía suponer se tornaron en caras largas al registrarse, con el monarca aún ingresado, una explosión en las instalaciones por culpa de una instalación de oxigenoterapia poco modernizada. También a Quirón le ha pasado factura porque la operación que a la que le sometió Ángel Villamor en 2012 en San José tuvo que ser repetida debido a que se infectó la prótesis, con el consiguiente borrón en el historial del centro y del especialista. “El Rey ya es un paciente muy complicado”, ha explicado a ‘Revista Médica’ un responsable de otro conocido centro madrileño, “porque tiene una edad y cualquier operación implica un riesgo que puede pesar mucho sobre la imagen de cualquier clínica u hospital, sobre todo si es privado”.

Además, la presencia del Rey implica una serie de medidas en torno al centro hospitalario que elija, porque requiere una seguridad muy estricta. En la intervención realizada en el Hospital Universitario Quirón las cámaras de las televisiones y los fotógrafos captaron cómo un ‘espontáneo’ saltó desnudo el cordón policial a la llegada de la Reina. Por eso, y por las visitas destacadas que recibe (del presidente y otros miembros del Gobierno), siempre es necesaria la ocupación de las habitaciones adyacentes, algo que en el entorno de la Casa Real han puesto como excusa en varias ocasiones para no ir a la pública, alegando que se quebrantaría la normalidad del centro que se escogiera.


Barcelona para los chequeos y recuperarse
La Clínica Planas, situada en Barcelona, es el centro médico al que el Rey confía sus chequeos anuales, y a donde ha ido a recuperarse tras las operaciones de 2010 realizada en el Clínic y de 2011 en Quirón San José, sometiéndose a sesiones especiales de fisioterapia. Al parecer, el monarca tiene predilección por esta clínica, además de por sus comodidades y exclusividad, por la presencia del médico granadino Manuel Sánchez, un especialista en Medicina Estética y ‘antiaging’ con el que habría cultivado cierta amistad y confianza. Precisamente por esta Unidad de la Edad Don Juan Carlos habría cambiado la costumbre de hacerse revisiones en la Clínica Sant Josep, donde era visto por el urólogo Josep María Gil-Vernet, y se habría decantado en los últimos años por un ‘mix’ entre la Clínica Planas y el Centro Internacional de Medicina Avanzada.

Manuel Sánchez, médico especialista en antienvejecimiento

Exteriores de la Clínica Planas



En definitiva, la experiencia dice que el Rey busca el confort y la inmediatez de la sanidad privada, y que tiene a la pública alerta por si en algún momento él o alguien de su entorno necesitara con urgencia atención médica por un imprevisto. En cualquier caso, siendo así, demuestra que confía y valora la calidad asistencial de los dos ámbitos.