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21/10/2013 n155
El presidente de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC), Javier Aranceta, y Ricardo Anmella, director general de Artiach.
Las marcas comerciales han puesto sus ojos definitivamente en la sabiduría científica para ganarse la confianza del consumidor. Buscan la alianza del especialista médico para vender un medicamento, un aparato tecnológico, y hasta un jamón o una sandía. La financiación de las sociedades científicas ha entrado en una nueva dimensión que ha hecho que muchas se profesionalicen buscando herramientas propias de una empresa.
Revista Médica
Detrás de una sociedad científica está el valor de una marca avalada por el prestigio social e intelectual de cientos o miles de especialistas en algún campo concreto de la Medicina. Hasta ahora era la industria farmacéutica la que había buscado la complicidad de estas sociedades, atraída principalmente por el rol prescriptor del profesional médico, pero de un tiempo a esta parte también bienes de consumo habituales en los lineales de los supermercados, como pueden ser unas galletas, quieren su alianza para transmitir al ciudadano de a pie confianza en su producto. Se ha abierto así una nueva vía de ingresos para las sociedades que se encuentran inmersas en una nueva etapa de profesionalización, alejándose de los tiempos de gremio y dando la bienvenida a los hábitos de la empresa.

Muestra de ello es que, de unos años a esta parte, muchas sociedades han creado la figura del gerente. La Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen) fue de las primeras en incorporarlo, en 2008. Entonces, su presidente Julio Zarco lo justificaba como parte del “desarrollo de nuestro plan estratégico, cuyo objetivo es facilitar el desarrollo estructural y la profesionalización de la estructura de nuestra Sociedad”, y como “un paso más en la madurez y perspectiva de futuro de una Sociedad en pleno crecimiento y desarrollo”. Detrás han venido otras, como la Asociación Española de Pediatría (AEP), que a finales de 2009 incorporó a Begoña García Sarasa, una consultora forjada en PricewaterhouseCoopers, KPMG y el Grupo Bureau Veritas.
En este mismo ámbito ‘pescó’ la Sociedad Española de Reumatología (SER) para contratar a Bernardo Ubago como director ejecutivo (también de su fundación). Otras, como Neurología (SEN), han confiado la gestión a alguien de la propia ‘casa’. Así, en diciembre de 2012 la junta directiva elegía como responsable de la recién creada Gerencia a Jorge Matías-Guiu, que fuera presidente de la sociedad, y ahora vicepresidente del área económica. La SEN justifica la creación de este puesto en el desarrollo de sus estatutos y en la búsqueda “del carácter técnico en aspectos económico-financieros del que ocupe este cargo, carácter que no tienen aquellos que acceden a la junta directiva”.

Los expresidentes de la SEC, Carlos Macaya, y de Lilly España, Eric Patrouillard, sellan un acuerdo



Viendo las cantidades económicas que manejan algunas sociedades es obvia la necesidad que tienen de una estructura y una visión más empresarial. Por ejemplo, Semergen, según las cuentas a las que ha tenido acceso ‘Revista Médica’, ingresó en 2011 la nada desdeñable cifra de 1.587.316,18 euros, de los cuales 1.412.228,44 provenían de ‘prestaciones de servicios’, es decir, de patrocinios en congresos, acciones puntuales como jornadas, y de las cuotas de los colegiados. Semergen ronda los 3.000 socios reales, que pagan en torno a 60 euros anuales, por lo que de ese millón y medio solo unos 180.000 euros sería de cuotas. El resto se ingresarían a través de patrocinios o subvenciones. Sin salir de las cuentas de Semergen, se encuentran previsiones de pago en el último trimestre de 2012 de laboratorios como Novartis, GSK, Esteve,

El presidente de la Asociación Española de Pediatría, Serafín Málaga, y el director general de Artiach, Ricardo Anmella

MSD o Boehringer por el patrocinio de cursos, jornadas, revistas o cátedras, que superan los 100.000 euros. Y también se registra esa nueva vía de negocio fuera de la industria. En este caso la cadena de supermercados Eroski aporta 20.000 euros por unas jornadas.

Las sociedades son reacias a hacer públicas sus cuentas, y menos a especificar los conceptos detallados por los que ingresan dinero. Por eso este ejemplo de Eroski puede servir de orientación para calcular lo que otras sociedades ingresan cada vez que su logo aparece en algún producto de consumo habitual entre la población. En ese aspecto Pediatría y Cardiología son las dos ‘superventas’, las más requeridas por los anunciantes. En 2008, y a través de su fundación, la SEC convertía al aceite de oliva Oleocampo en el primero avalado por el Programa de Alimentación y Salud (Pasfec), “una iniciativa de apoyo a los productos considerados saludables para la prevención de las enfermedades cardiovasculares”, se informaba entonces. “Únicamente las empresas cuyos productos superan los controles de calidad establecidos por el Comité Científico de la Fundación Española del Corazón pueden acogerse al programa, por lo que este rigor científico otorga al consumidor plenas garantías de que el producto que luce el logotipo ha superado positivamente una serie de estrictos controles que aseguran su carácter beneficioso para la salud”, exponen desde esta fundación ligada a la Sociedad Española de Cardiología (SEC).

Detrás del aceite de oliva, la Fundación Española del Corazón ha ido reconociendo a marcas de jamón york (Campofrío), leche y yogures para reducir el colesterol (Central Lechera Asturiana y Danone), galletas (Gullón) o nueces de California. La Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC) también ha pactado con las galletas, en este caso de Artiach. En Pediatría no le van a la zaga los productos que llevan su sello, muchos de ellos pertenecientes a marcas que se hacen hueco incluso en los congresos. En el 60º Congreso de la Asociación Española de Pediatría (AEP), celebrado en Sevilla en junio, en el programa científico se recogían nombres de varias marcas comerciales: Dodot-Arbora & Ausonia entregó una beca por un importe de 18.000 euros, y se celebraron simposios satélites de Coca-Cola, Hero Baby, El Pozo y Nestlé. La multinacional de los refrescos patrocinó ‘Actividad física y estilo de vida saludable del niño y el adolescente’; los potitos, la mesa ‘Contribuir a la prevención de la obesidad infantil es posible, ¿cómo?’; y los embutidos pusieron dinero para estar presentes en la ‘Importancia de la ingesta de grasa y sal en la alimentación de la población infantil’. Esto se está convirtiendo en una práctica habitual, fuente de notables ingresos para las sociedades. Basta ‘darse un paseo’ por los programas de los congresos celebrados este año. Valga como nuevo ejemplo el 55º Congreso de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), celebrado en mayo en Granada, donde también se coló (previo pago) Coca-Cola patrocinando el simposio satélite ‘Obesidad y equilibrio energético’.

El cardiólogo Leandro Plaza, presidente de la Fundación Española del Corazón, junto al ciclista cinco veces ganador del Tour de Francia Miguel Induráin, y Alessio Sarina, brand manager de Danacol



Delimitando las fronteras del negocio
Varias de las sociedades mencionadas hasta ahora, en vista del conflicto de intereses que pueden crear las nuevas vías de financiación, han tratado de delimitar las fronteras del negocio y el fin científico. En 2011, en su publicación ‘Anales de Pediatría’, la AEP definía los límites en el editorial ‘El marco ético de la Asociación Española de Pediatría: un compromiso con la ética de las organizaciones’. “El conflicto de intereses no tiene por qué tener necesariamente un impacto negativo ni asociarse sistemáticamente con mala práctica o mala conducta, pero hay que manejarlo adecuadamente”, advierte, y añade que “la independencia debe sustentarse en la búsqueda de la mayor diversidad posible de fuentes de financiación, en la contención razonable y austeridad de los gastos, así como en la elaboración y seguimiento de un presupuesto anual que obedezca a los principios, valores y objetivos de la AEP”. Como se puede comprobar, casi todos los principios son extrapolables a cualquier empresa que quiera tener unas cuentas saneadas, con el matiz del objetivo científico último de estas sociedades.

Julio Zarco, entonces presidente de Semergen, junto a la directora de la Unidad de Atención Primaria de MSD, Cristina Murciano, tras la firma de un acuerdo para el desarrollo de un proyecto de formación médica continuada

El ‘Marco ético de la Sociedad Española de Cardiología’ (que contó para su elaboración con el apoyo de una beca educativa no condicionada facilitada por la farmacéutica Merck, Sharp & Dohme) viene a reconocer la necesidad empresarial de las sociedades científicas para atraer a patrocinadores que sufraguen económicamente la formación. “La SEC es una entidad sin ánimo de lucro. Por consiguiente, está obligada a conseguir los recursos necesarios para alcanzar los objetivos educativos que exige la sociedad a sus profesionales. En otro orden, la industria farmacéutica y las empresas de tecnología médica son una fuente importante de avances en medicina y, obviamente, tienen el deseo de difundir, a veces con excesiva premura, la información de los resultados de ensayos clínicos relacionados con sus propios productos. Por tanto, ambas partes –empresas e industria y los propios médicos– se necesitan mutuamente: la industria necesita de los médicos para que ayuden al desarrollo clínico de sus productos, convirtiéndose en los auténticos generadores de la venta efectiva de los mismos a través de una prescripción debidamente informada y cualificada; y los médicos, tradicionalmente, vienen recibiendo de las empresas farmacéuticas y de tecnología médica información directa y actualización sobre el estado del arte de la terapéutica –sea farmacológica, instrumental o de equipamiento–, así como apoyo financiero directo e indirecto para mantenerse al día en el conocimiento de su especialidad y en el desarrollo de la investigación. En suma, la industria es actualmente una fuente importante de financiación de estas actividades y parece que esta vía de soporte seguirá siendo necesaria en el futuro”, reconoce el documento. También señala que “es aconsejable que las actividades de la SEC cuenten con un patrocinio procedente de diversas fuentes, ya que los monopolios pueden ofrecer o aparentar influencias inadecuadas y, en ocasiones, socavar su imagen pública”.

Viendo el marco trazado por las sociedades españolas, es interesante comprobar el de otros países, como Estados Unidos, siempre más liberal. En 2009 ‘The Journal of the American Medical Association’ (JAMA)

José Luis Llisterri, presidente actual de Semergen, en un acto contra el colesterol organizado por el Instituto Flora

propuso un decálogo de buenas prácticas a las sociedades médico-científicas. Los autores del documento, como también reconocen las sociedades en España, parten de la realidad de que la ayuda económica es “necesaria”, pero alertan del peligro de poner las organizaciones “en venta”. Recomiendan que el peso de la inversión de la industria farmacéutica no sea superior al 25 por ciento. Para garantizar que ningún interés externo influya en la elección de los ponentes y en el contenido de mesas de congresos y jornadas, las ayudas a la formación no deben dirigirse a programas y actividades concretas. En cuanto a recomendaciones de productos, tan habituales de un tiempo aquí en algunas sociedades científicas españolas, el decálogo rechaza esta práctica porque “ensucia” la reputación de las organizaciones médicas y puede sugerir que su nombre “está en venta”. También incide en las fundaciones ligadas a las sociedades, a las que se les exige la misma independencia y transparencia.

Hablando de transparencia, ‘Revista Médica’ ha podido comprobar que las cuentas de las sociedades científicas no son de fácil acceso, en muchos casos ni para los propios asociados. Recientemente, un estudio de Alberto Ruano Raviña, integrante de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE), publicado en 2012 en ‘Medicina Clínica’, advertía precisamente de la falta de transparencia en la financiación de las sociedades científicas, e invitaba a que los estatutos obliguen a publicar la procedencia de los fondos para congresos y cursos. Dicho y hecho. La web de la sociedad incluye ya un apartado de ‘Financiación’ en el que se detalla que en 2012 recaudó 55.695 euros de sus socios; recibió 25.000 euros de patrocinios de entidades públicas y que su reunión anual le reportó 14.735,38 euros. Está claro que Epidemiología no maneja números de gran empresa como puedan hacerlo Cardiología, Pediatría o las principales sociedades de Primaria, pero es un paso y un ejemplo muy interesante para que se pueda al menos hacer visible qué peso tienen los patrocinadores dentro de los presupuestos de una sociedad científica.
Las fundaciones, vehículos para los acuerdos
Son varias las sociedades científicas que han confiado a sus fundaciones el grueso de los acuerdos con casas comerciales. Una de las más activas es la Fundación Española del Corazón, dependiente de la Sociedad Española de Cardiología, y que está presidida por el cardiólogo Leandro Plaza.
Esta fundación ha llegado a acuerdos con empresas de sectores tan variopintos como la petrolera British Petroleum (BP), el gimnasio Go-Fit, la ‘jamonera’ Dehesa de Extremadura, o el distribuidor de sandías Asociación Grupo Fashion, que comercializa la ‘sandía fashion’.