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21/10/2013 n155
El Celador
Sanitas y el suplente de Oliver y Benji
Vaya por delante que yo soy muy madridista, aunque mi sueldo de celador me da solo para ser hincha de televisor, de esos que el desaparecido Jesús Gil denominaba de “chau-chau”, de los que no dejan dinero en las taquillas del club. Y como ‘merengón’ (así me llama mi compañero Manolo, acérrimo del Atleti) estoy muy preocupado por la salud de Bale, ese chaval dentudo por el que Florentino ha tirado el Bernabéu por la ventana. “¿Qué le pasa a este chico?”, le he preguntado esta semana a un enfermero del Servicio de Traumatología de mi hospital con el que me une cierta confianza. “Que a Floren le han metido un gol desde Inglaterra”, se ha reído, pero no me ha ayudado con ninguna explicación científica.
Ante la ausencia de más fuentes, no me ha quedado más remedio que acudir a ‘mi biblia’ de la hora de ‘los cafeses’, el ‘Marca’, y ¡horror! la esperanza para ganar la Décima tiene una hernia discal y va a jugar menos que los suplentes de Oliver y Benji, aquella mítica serie de dibujos de los 90. Unos responsabilizan a Floren, que lo fichó a sabiendas de que el chaval estaba tocado, para contrarrestar la llegada de Neymar al Barça; y otros aprovechan la moda de meterse con lo privado para sembrar dudas sobre Sanitas, la empresa que vigila la salud de los ‘galácticos’.
A mí todo esto me recuerda a cuando llegó Zidane. Los periodistas se lanzaron a rellenar hojas y hojas de periódicos diciendo que no iba a encajar en el Madrid; que vaya manera de tirar el dinero; que si era mejor Movilla (aquel calvo que había sacado al Atleti de Segunda). Y al final triunfó el fútbol, y Zidane fue el héroe de la Novena de Glasgow y los madridistas le tenemos en un altar. Que no se sulfure Floren, que le dé tiempo a Bale, que no se trate de demonizar a Sanitas ni a ningún médico, que a este chico lo que le pasa es que tiene la presión de jugar en el equipo del que más se habla en el mundo. Cuando se relaje meterá los goles que metía en Inglaterra. Entonces me reiré de mi amigo Manolo, que ahora está muy ‘crecidito’.