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30/09/2013 n152
López-Ibor, el apellido de la Psiquiatría española
Para muchas personas, la Medicina es una profesión vocacional. En el caso de la familia López-Ibor, la Medicina, y la Psiquiatría en particular, son una combinación de pasión, dedicación y esfuerzo a partes iguales. María Inés López-Ibor, nieta de los fundadores y representante de la tercera generación de psiquiatras de la familia, hace de cicerone para los lectores de Revista Médica en un interesante trayecto para rememorar los orígenes de la familia, ayudada por su padre Juan José López-Ibor Aliño y su tía María José López-Ibor Aliño (los tres psiquiatras), en una conversación a tres voces que dibuja el lado más humano de quienes han sabido ejercer su devoción por la Medicina.
Elena Pierna / Imagen: Adrián Conde

De puertas para afuera, el Instituto de Investigaciones Neuropsiquiátricas Dr. López-Ibor, más conocido como clínica López Ibor, es uno de los centros más reputados en Psiquiatría, Neuropsicología, Neuropsiquiatría y Psicología de nuestro país. En Psiquiatría, su nombre está ligado al estudio y conocimiento de los trastornos de la vitalidad y, muy en particular, al de los estados de ánimo. Juan José López-Ibor Aliño resume las tres claves que les han llevado a lo más alto: "Cuando a Marañón le preguntaban por el origen de su éxito,
"Conocemos a cada una de las personas que entran en la clínica, como si fueran miembros de nuestra familia"
él siempre decía que no iba a las tertulias. En nuestro caso, nos hemos esforzado por hacer bien las cosas, hemos reinvertido todo lo que hemos ganado para mejorar la calidad del centro, y atendemos de forma personal y exclusiva a todos nuestros pacientes. Conocemos a cada una de las personas que entran en la clínica, como si fueran miembros de nuestra familia, de la misma forma que ellos están familiarizados con nuestro personal. Hemos mantenido durante todos estos años a los mismos trabajadores, para que los pacientes se sientan cómodos y tranquilos, seguros de que les atenderá su médico habitual, y escucharán al otro lado del teléfono a la misma persona que les vio por primera vez. Precisamente, esta atención tan directa nos complica el expandir el negocio fuera de España, e incluso en nuestro país. El trato que damos exige dedicación exclusiva, nuestros pacientes son lo primero y no podemos estar en todas partes".



Reinterpretando la neurosis
Políglota, investigador y pionero, Juan José López-Ibor se convirtió en una de las referencias psiquiátricas de los años 50 y en el impulsor de nuevas teorías revolucionarias sobre la neurosis. "Uno de los legados de mi padre fue el de descubrir que las neurosis, además de un origen psicológico, tienen un origen biológico, por lo que necesitan de tratamientos farmacológicos".

Dos de los conceptos fundamentales en la teoría de López-Ibor fueron la angustia, considerada como origen de la neurosis, y la timopatía ansiosa, término utilizado para describir un tipo de neurosis no exclusivamente psíquica y analizable a través de factores físicos y neurológicos. Asimismo, fue el primero en usar la acetilcolina en el tratamiento de las neurosis e insistió en el papel de la personalidad del psicoterapeuta como elemento absorbente de la angustia del enfermo.

Como han publicado algunos de sus amigos y alumnos, para el profesor López-Ibor, la clave de la neurosis es la angustia; pero no la angustia reactiva, por influencias externas, sino la angustia endógena, la que proviene de las alteraciones que se dan en los sentimientos vitales, ligados a nuestra corporeidad. Aquí radica, precisamente, la novedad en la interpretación que López-Ibor hizo entonces de la neurosis. En 1950, el profesor López-Ibor lanzó el concepto de la angustia vital. La angustia vital, en su opinión, no es la angustia de la vida ordinaria, sino la que se origina a cuenta de ciertos conflictos especiales que alteran el equilibrio de la fusión alma- cuerpo. "Vivimos, solía decir López Ibor, en una época en la que se huye del esfuerzo y se busca solo el bienestar. El sufrir-aunque sean sufrimientos normales-aterra, el nivel de resistencia ante las dificultades desciende de manera alarmante y así la neurosis se ha convertido en un estilo de vida de la sociedad contemporánea".
López Ibor: médico, escritor y profesor
Aparte de su faceta como médico, "el abuelo", como le llaman cariñosamente en la familia, fue un hombre reconocido por su importante papel como profesor, escritor y consejero. "Mi padre fue un hombre público. Daba conferencias en Estados Unidos, Bruselas, París y Lisboa, escribía en "La Tercera" de ABC y era miembro del Consejo Personal de don Juan de Borbón. Fundó y dirigió la revista "Actas Luso-Españolas de Neurología y Psiquiatría" y publicó una ingente cantidad de obras, entre las que destacan "Lo vivo y lo muerto del psicoanálisis" (1936), "Neurosis de guerra" (1942); Epilepsia genuina (1943), La agonía del Psicoanálisis" (1948) y "Los problemas de las enfermedades mentales" (1949). Parte de esta obra científica fue concebida en Barbastro, donde López Ibor, su esposa Socorro y dos de los hijos pequeños se trasladaron, durante un destierro por motivos políticos en 1944.

"Un día se presentaron dos policías en su consulta y le dijeron que tenían orden escrita de llevarle a Barbastro. Atendió al último paciente mientras mi madre le preparaba la maleta y se fueron a la estación. A pesar de aquella situación, creo que mi padre tuvo muchísima suerte porque fue la oportunidad de su vida. Su obra científica nació en Barbastro y gracias al destierro".

Socorro Aliño publicó su tesis a los 63 años
Si el abuelo Juan José López-Ibor fue uno de los referentes de la psiquiatría en los años 50, su mujer Socorro Aliño Testor, fue la responsable del éxito de la clínica desde sus cimientos. En los recuerdos familiares ha quedado como la gran organizadora que se ocupó de la perfección de cada detalle para la evolución de la institución. La segunda de 11 hermanos, entre los que destacaban médicos y farmacéuticos, supo ejecutar cada acto con dura determinación. María Inés y María José narran con detalle el papel de su abuela, que llamaba la atención por su belleza y coquetería.

"La abuela Socorro era tremenda", recuerdan. Publicó su tesis doctoral en filosofía "Enrique IV: su tiempo", a los 63 años, cuando llevaba toda una vida ocupándose de disponer, organizar y diseñar cada uno de los detalles de la clínica y ya tenía nietos de 20 años. "Mano derecha del abuelo, supo adelantarse a su tiempo, desde un discreto segundo plano. Tengo grabado a fuego el sonido de su máquina de escribir. Trabajaba mano a mano con mi padre y transcribía uno a uno, cada uno de los informes que redactaba el abuelo, en una mesa anexa al despacho de mi padre". Como recuerda su hija María José, "en casa, papá nos mimaba y la abuela era la gran jefa. Dio a luz a sus 12 hijos en la misma habitación de la Clínica Loreto y cuando nació la última, ella misma pidió que no se molestara al doctor hasta que no hubiese terminado de pasar consulta. No fumaba habitualmente pero, eso sí, después de dar a luz, siempre fumaba un cigarrillo".

La gran organizadora, vestida por Balenciaga
Junto a su fortaleza y su férrea determinación, su coquetería tampoco tenía límites. "Sus propios hijos no sabíamos la edad que tenía. De hecho, cuando tuvo su sexto hijo comentó en varios foros que sus cinco hijos anteriores eran de un hombre viudo con el que se había casado. De joven, parecía modelo y solían confundirla con alguna actriz. Le apasionaba la moda y fue la segunda mujer vestida por Balenciaga, aparte de las azafatas de Air France". Llegó incluso a imponer varios modelos de Balenciaga como uniforme de las enfermeras de la clínica. Hoy, 12 de esos vestidos aún se conservan expuestos en el Museo Balenciaga.

La clínica: casa, refugio y pasión
La primera clínica López-Ibor estuvo situada en la Avenida de la Moncloa, en un pequeño chalet adquirido a principios de la década de los 40. Hubo una segunda clínica López-Ibor que se inauguró poco después de la primera en sendos chalets de la calle Olivo y Pastor, muy cerca de la primera. Finalmente, el edificio actual, situado en un céntrico barrio residencial de Madrid, fue diseñado por el arquitecto Manuel Manzano Molis, bajo las directrices de Socorro que, enamorada de la arquitectura de los hoteles Hilton, se ocupó de buscar terrenos y asesorar en su puesta en marcha.

Este centro se inauguró el 1 de abril de 1967. Desde entonces, su exterior se ha intentado mantener prácticamente intacto, con la única salvedad de que el cobertizo donde aparcaba el abuelo López-Ibor su coche, ha pasado a convertirse en la actual biblioteca, joya de la familia, emblema y tesoro de la institución. "En común con los hoteles Hilton tiene, por ejemplo, el diseño de sus ventanas dotadas de la máxima seguridad pero sin rejas y que ofrece actividades y servicios como si de un resort de lujo se tratara".

Desde sus inicios, la clínica contaba con piscina, con campo de golf y con jardines. Hoy en día se han ampliado los servicios y actividades y en el centro se mima y se cuida al paciente, como en un hotel de cinco estrellas. La clínica cuenta con gimnasio, clases colectivas, sesiones de terapia ocupacional, estimulación cognitiva, yoga, nutrición, conferencias, taller de cocina, etc.

La Biblioteca, refugio familiar
Si hay un tesoro en el edificio, además de los propios pacientes que López-Ibor intenta cuidar y mimar al detalle, este es la biblioteca. Por ella, han pasado conferencias, obras maestras y el saber acumulado de una familia, que ha sabido perpetuar y ampliar sus conocimientos durante más de tres generaciones. Entre las joyas de la biblioteca destacan la única foto que se conserva de los fundadores y sus 12 hijos y un retrato de Socorro Aliño, vestida de Balenciaga, que inaugura y preside la sala. Como nos cuenta María José "la biblioteca actual es parte de la que teníamos en la casa familiar, muy cerquita de la clínica. Con tantos libros siempre cerca, no quedaba otra que estudiar. De los 12 hijos que tuvieron mis abuelos, siete somos médicos. Sentíamos pasión por la profesión y siempre teníamos a alguien de la familia como referencia en el que fijarnos y seguir sus pasos".
¿Habrá una cuarta generación? Cuando Revista Médica les pregunta por la continuación de la saga, los tres sonríen. María Inés es una de los psiquiatras más reconocidos de la tercera generación de la familia, compuesta por 31 primos. "La tercera generación la formamos 31 primos, de los que varios somos médicos y alguno se dedica a la gestión sanitaria. Yo tengo un hijo de 18 años, que acaba de matricularse en Administración de Empresas. Quién sabe. Yo misma pensé matricularse en Administración de Empresas y a última hora, cambié a Medicina. Uno de mis tíos, el tercero de los doce hijos de los abuelos, se fue a Pamplona a estudiar Derecho y finalmente, también acabó haciendo Medicina. Nos gusta nuestro trabajo. Lo más duro es que los pacientes estén bien y mantener la gestión de una empresa, que tiene 80 trabajadores fijos en plantilla".

En la actualidad, María Inés López Ibor es una de las caras más visibles de la clínica y de la fundación homónima. Tras culminar la carrera y parte del MIR en Londres, ha desempeñado de forma complementaria diferentes labores y ha destacado de forma sobresaliente como docente, médico y escritora. "Me gusta mucho la docencia y la enseñanza y, sobre todo, el trato directo con los pacientes, como médico. He compatibilizado las tres actividades con el mismo interés".

Su actividad más ingente se ha producido desde 2001. "Del 2001 al 2003 fui profesora titular de Psiquiatría y Psicología Médica de la Universidad Complutense de Madrid. Posteriormente, del 2003 al 2005 tuve la suerte de ser nombrada viceconsejera de Ordenación Sanitaria, Salud y Consumo de la Comunidad de Madrid. Ya en 2005, fue secretaría y posteriormente vicedecana de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid".

Desde 2010 es directora asistencial de la clínica López-Ibor y vicepresidenta de la Fundación López-Ibor. Con anterioridad, María Inés trabajó durante un año como directora asistencial del grupo USP Hospitales. Ha publicado cuatro libros propios y ha participado en más de 60 publicaciones y conferencias de psiquiatría. Desde sus inicios, ha participado activamente en diferentes fundaciones e instituciones centradas en la rehabilitación de pacientes con problemas. Parece que el camino que comenzó hace ya más de un siglo Juan José López-Ibor tiene la continuidad asegurada.